Lo bello y lo triste

El amor en tiempos líquidos


Las definiciones de la ciencia y las humanidades no logran englobar la inmensidad del significado del amor, y ante éste siempre se rinde uno enmudeciendo. Sin embargo casi todos los pensadores han hablado del asunto, desde los consejos de Ovidio para conquistar a la dama: "con las palabras más persuasivas júrale que mueres de un amor que raya en locura; pero revélate decidido, no sea que el viento calme y caigan las velas". Hasta la explicación metafísica de los cuerpos divididos por los dioses: los andróginos de Platón que "cuando se encontraban ambas partes, se abrazaban y se unían, llevadas al deseo de entrar en su antigua unidad, con un ardor tal, que abrazadas perecían".

O como Pascal, que en su Discurso acerca de las pasiones del amor se pregunta "¿quién puede dudar que no estemos en el mundo para otra cosa más que amar?" El mismo Werther suicida se quejaba en la penumbra de su amor no correspondido hacia Lotte, éste que terminaría por anularlo, pero a pesar de ello sería imperecedero: "¿acaso has encerrado tu corazón a causa del instante que me une a ti eternamente? ¡Lotte, ni un milenio podrá extinguir esa impresión!" El amor en un sentido antiguo, era sumamente comprometido y parecía tener la pretensión de la permanencia.

Lo anterior se lee bellísimo, y quizá es a lo que muchos aspirarían en este siglo, sin embargo, "morir de amor" a estas alturas suena ridículo -ya que con tantos hombres y mujeres en el mundo por amar-, en lo cotidiano resulta inaplicable. La dinámica actual del amor ha cambiado y también la reflexión teórica en torno a ella.

Uno de los pensadores contemporáneos que nos habla del amar en días posmodernos, es el escritor polaco Zygmunt Bauman, quien en su libro Amor líquido, tratará las dinámicas cotidianas de vivir dicho sentimiento:

El amor posmoderno, según Bauman, muchas veces es también "aterrador como la muerte", porque es imprevisible y agrava su carácter contingente. La vivencia amorosa actual lleva consigo un sentimiento temeroso, ya que, como gran parte de las relaciones humanas de esta época, se desenvuelve en términos de fugacidad y de utilitarismo: "el amor es un préstamo hipotecario a cuenta de un futuro incierto e inescrutable".

Otro de los grandes detrimentos que ha sufrido la vivencia del enamoramiento, es hacer del deseo algo más elevado que el amar. Amor y deseo, según Bauman, son dos cosas muy distintas, entre ambos hay una diferencia abismal. El deseo, en su versión ortodoxa, significaba "atención y preparativos, implicaba largos cuidados, complejas negociaciones sin resolución definitiva, algunas elecciones difíciles y algunos compromisos", hoy el deseo pareciera no implicar nada. El amor en tiempos posmodernos es corto porque parece saciar el deseo inmediatamente, es descomprometido y aburre al instante.

Y hablando de compromisos, según Bauman, las parejas contemporáneas han olvidado dicho concepto, o al menos se ha tomado de forma más laxa. Existe una nueva dinámica para concretizar la pasión del noviazgo, y no es la de casarse, sino la de, como Zygmunt la llama "sobre-vivir-juntos", una nueva estrategia que ha tomado el amor posmoderno para evadir el compromiso que antes representaba la unión a largo plazo del matrimonio. Aquí el polaco se pone moralista: "al vivir juntos las intenciones son modestas, no se hacen promesas, y las declaraciones, cuando existen, no son solemnes ni están acompañadas por una congregación como testigo" por lo que, si el enamorado se aburre, puede irse más fácilmente y en cualquier momento.

Para Bauman, este "sobre-vivir-juntos permite la afluencia de tránsito", el cambiar más fácilmente de pareja sin sentir remordimientos, de tal modo el concepto de parentesco también se vuelve frágil, se desvanece.

Nos hemos, diría el polaco, vuelto menos exigentes, nos conformamos más fácilmente y nos sentimos incapaces de forjar, como en décadas pasadas, "puentes estables", a lo mucho nos creemos idóneos paraconstruir relaciones líquidas.

Si tras uno y otro fracaso amoroso nos encuentran despreciables, siempre podremos argumentar que somos navíos de un mar posmoderno, y no es nuestra culpa ser víctimas de la época.