Lo bello y lo triste

Violéntame poeta

La violencia es parte fundamental del contexto michoacano, incluso, es la culpable de la infelicidad de muchos norteños, sureños, y también para quienes habitamos en el centro. México, en general, es un país violento. Ser mexicano significa ser vulnerable, estar siempre en constante riesgo de ser robado, secuestrado, asesinado, descuartizado, violado, golpeado, desaparecido y otra docena más de "creativas" acciones terminadas en "ado".

A mí no me gusta vivir en este país, desde hace un par de años sólo pienso en irme. ¿Irme?, ¿a dónde? En Alemania hay neonazis, en España etarras, en Ucrania se están matando y en Italia existen mafias más antiguas que las mexicanas. También he pensado irme al país más "sofisticado", "rico" y "democrático" del mundo, vivir en la promesa americana, misma que diariamente nosrefieren en los mejores y más prolíficos programas televisivos de asesinos seriales: ¿cuántos psicópatas gringos habrá por condado?, ¿cuántos se necesitan al año para armar tantas temporadas de homicidas en Investigation Discrovery?

La violencia es parte de la idiosincrasia del mexicano, sí, -pero también del espíritu alemán, del australiano y del francés, incluso en Finlandia hay "populicidios". Al final, todos tenemos una forma, a estas alturas muy perfeccionada, de sacar a pasear los instintos. Tanto la violencia -como defecar- no son tipologías raciales, de nacionalidad o de género, sino impulsos arraigados y necesarios a cualquier humano. Todos somos violentos.

Así, del mismo modo en que la violencia es parte constitutiva del ser humano, la denuncia de la misma deberá también encontrarse necesariamente en las acciones humanas. ¿Será acaso obligación de la labor creativa, del hombre demiurgo que en su verso expresa el acaecer del ser, o sea de la poesía -ésta que muchos siguen idealizando como lo más "alto" y lo que purifica una sociedad-, evidenciar la violencia de los pueblos, diagnosticar el estado fallido del país? En lo personal,respondería que no.

La poesía no siempre está en deuda con su contexto, tampoco se encuentra forzada a mostrar caminos, reglas, o juicios de valor para combatir la violencia. La poesía puede o no hablar de lo que le sucede a un pueblo, puede o no hablar de la injusticia, de la pobreza, del drama social. Es libre de comprometerse, pero también muy libre de no hacerlo.

El poeta no siempre es la voz de su época, ni el juez de su tiempo. Incluso, un poeta, por pertenecer a un país como el nuestro -con instituciones tan desvanecidas, corruptas y sin líderes sólidos- estará obligado a explicitar o quitar el velo que cubre la violencia. Porque a la violencia no hay ley que la reprima, ni verso que la sublime.

No estoy en contra de la poesía comprometida, tan sólo soy escéptica a los posibles efectos o impactos que un poeta de la denuncia logre o no conseguir.

No hay revolución que estalle a partir de un verso. La violencia no cesará con un poema, pero seguramente algún tipo de violencia sí podrá generarse a partir de aquél.

Más que evidenciar la violencia desprendida de la hostilidad social, que podría o no inspirar un verso, prefiero leer al poeta que genera violencia desde su propia obra, que escribe con acidez, con un estilo muy auténtico. Decía Gómez Dávila, que el buen escritor es "aquél que avienta piedrecillas al alma del lector".

La poesía escrita "con violencia" sí tiene un compromiso, y no es el de cambiar al mundo, o reconducir el ciclo de la política de un estado, sino algo más importante y verdadero por lograr más allá de todas aquellas quimeras. El compromiso del poeta es escribir con violencia, derrumbar los cimientos y estilos ajenos, para construir intempestivamente cierta originalidad y sobre todo, amarrar al lector en una relación sadomasoquista, donde ambos sean dependientes hasta el fin del poema. El deber del poeta es escribir, más allá de textos panfletarios que aspiren a un tiempo eterno, versos que se conserven por su intensidad, que rompan nuestros labios por el peso de sus palabras, aunque sea en la fugacidad de un endecasílabo.