Lo bello y lo triste

Resonancias de la Nada

Posiblemente, hacer filosofía sea una manera de dialogar con los gigantes muertos, sin embargo la pretensión de seguir al pie de la letra con solemnidad y actitud luctuosa las enseñanzas de aquéllos, encarcela al pensamiento en una jaula de oro. Lo resguarda en un despotismo banal, condenando a cualquiera que ose robarse o replantear de manera original, alguna idea del ya fallecido “semidiós” filósofo. Empero, siempre existen voces profanas, como las del sacrílego jalisciense Héctor Sevilla, quien con su filosofía, intenta romper esta deformación de la academia ortodoxa que prefiere no poner en tela de juicio las palabras de los grandes íconos del pensamiento.

Quizá, como intelectuales de un país en vías de desarrollo y con el trauma histórico de aún sentirnos colonizados, muchos nos creemos incapaces de aventurarnos en la difícil y valiente labor de generar un pensamiento crítico, pero sobre todo, original. Bajo esta convicción de desapego sano de la tradición y con la urgencia de un pensamiento propio, se edifica “Resonancias de la Nada. Diez ecos filosóficos del Cero al Vacío (Edit. Plaza y Valdés, 2013)”. Título con el cual Sevilla desea agregar un cuarto al palacio de la filosofía occidental.

Mientras que la metafísica dirigió su pregunta hacia el ser, la escolástica hacia dios, el existencialismo y la antropología preguntó sobre el hombre; Sevilla encuentra el hilo conductor de su pensamiento en la pregunta por la Nada. Ésta, entendida como el concepto más originario de la vida, la Nada como aquello que está a la base de todas las demás cosas del mundo.

Sevilla es consciente de que sus propósitos habrán de dilucidarse desde un compromiso de originalidad. Por lo que no duda en sugerirque en el fondo la idea del Motor Inmóvil de Aristóteles “como aquel absoluto, o fuerza, que no es una cosa particular, pero desde el cual se impulsa todo movimiento y cambio de las cosas concretas del mundo”, es parecido a su concepción de la Nada.

La Nada podría desenvolver un papel diametral al del Motor del filósofo griego. Sin embargo, y en palabras de Héctor: “El Motor Inmóvil termina siendo la Nada, no como creador del movimiento, sino como facilitador del mismo que, ciertamente, siempre viene desde fuera de lo movido”. Porque antes de que el Motor aristotélico pudiera ser, le precede incluso una circunstancia de nihilidad. La Nada es siempre y de facto lo previo a toda existencia.

Sevilla también analiza algunas de las propuestas de los franceses más notorios del siglo XX, tales como Sartre, Lévinas, Derrida, Merleau-Ponty y Foucault. Uno de los tratos más polémicos es el que le da al pensamiento de Sartre, enfocándose en su comprensión sobre la libertad. Ésta que en palabras del filósofo galo, es la constitución moral y existencial de cualquier hombre, una libertad que condiciona de antemano todo accionar humano. Sartre piensa en un tipo de libertad absoluta, que nunca se puede negar, porque incluso creyendo ilusoriamente que es negada, se sigue siendo libre de “decidir no decidir”. Héctor considera que la libertad sartreana es una quimera, porque ha olvidado pensar la Nada como la configuración que antecede incluso a cualquier idea de libertad.

La Nada para Sartre es la comprensión humana de la finitud, de la posibilidad de negarnos ante algo y también de construirnos libremente  la existenciae incluso de sentir vacuidad por el camino de nuestras vidas. Así, mientras en Sartre la Nada es la condición necesaria para que el humano se configure a sí mismo en libertad; para Sevilla, Sartre está equivocado y la Nada no sólo configura al hombre, sino que también a las cosas del mundo, al universo y por supuesto, a la libertad: “La Nada no emerge del Ser, sino a la inversa”.

Quizá lo dicho por el filósofo jalisciense, a muchos les resulte más que pavoroso. Ante esto, es necesario arrojar una última sentencia, que define en general la idea del libro de Sevilla, pensamiento que podría incluso causarle un colapso nervioso a algún filosofastro de la escolástica académica contemporánea: “La Nada no sólo es un Universal más que permite la comprensión del mundo, sino que es el Universal de los Universales”.

Las palabras de Sevilla resultan alarmantes debido a la naturaleza profunda de sus pensamientos. La lectura de su libro nos abre a un mar de interpretaciones, algo que en la ortodoxia académica resulta a veces condenable, pero que para un lector crítico, sin prejuicios ni petulancia intelectual, le implicará un reto.

Le exigirá una lectura detenida, que abogue por la comprensión de un nuevo mundo: un universo de palabras menos simple y menos repetitivo, pero eso sí, uno más elaborado y complejo que muchos otros antes leídos.