Lo bello y lo triste

Panfleto para ser feliz

Schopenhauer sugiere que el sufrimiento se anula al mismo tiempo que anulamos los deseos

Sufrir es uno de los grandes padecimientos del hombre contemporáneo. Sufrir por lo que no se tiene es lo más común. Abrumados por la ambición o la indiferencia, comenzamos a sufrir ya sea por desear aquello ausente o porque vivimos evadiendo cualquier compromiso hacia nuestra existencia, hacia nosotros mismos.

Así, o sufrimos por ser emprendedores, por el deseo insaciable y el vacío constante que produce cualquier post-logro: "porque no tenemos llenadera", o por el contrario, somos víctimas de nuestra propia mediocridad y sufrimos el patético destino de la extrema indiferencia.

Aristóteles pretendió hacer de su ética una estrategia encaminada hacia el buen vivir. Para el filósofo griego, la finalidad última del hombre, era la de llegar a ser feliz, tal comunión con la vida no había de ser buscada desde medios externos al individuo, sino desde sí mismo. El cultivo de la virtud y la sabiduría serían las herramientas mínimas para lograr dicho ideal.

Schopenhauer, por su parte, en su obra más taquillera –y supuestamente de menor rigor académico–, Parerga y Paralipómena, pondría un nombre al estudio de la vida feliz llamándolo eudemonología. El filósofo alemán escribió una serie de reglas para no padecer tanto los amaneceres e irse a acostar apaciblemente. Sin embargo, su sugerencia para evitar la infelicidad resulta un tanto paradójica: no intentemos recuperar el paraíso perdido, sino tan sólo tratar de ser lo menos desgraciados posible, evitando los displaceres que parecen provocar los deseos no concedidos.

Schopenhauer parece sugerirnos un tipo de comodidad existencial, donde el sufrimiento se anula al mismo tiempo que anulamos los deseos, ya que, en el caso de tener grandes aspiraciones, se podría también ser víctima de grandes decepciones. Ser cobardes y no asumir compromisos con otros es una de las sugerencias implícitas del filósofo alemán, por lo tanto, no es una teoría que podría servirnos de mucho para combatir de manera práctica las tristezas de la vida, sino más bien podría convertirnos en personajes apáticos y renuentes a seguir viviendo.

Otro filósofo, el francés Pascal Bruckner, considera que buscar la felicidad como tal parece superficial, ni siquiera podríamos definirla desde un sentido concreto, ya que la sensación de ser feliz está enlazada con muchas otras sensaciones, sin embargo, lo que sí hay que pretender es realizarse plenamente, o al menos tener una apertura ante las circunstancias, sean éstas frívolas o profundas, grandiosas o pequeñas, cotidianas o extraordinarias.

Lo sustancial de la felicidad es "no buscarla nunca como tal, dejar que siga siendo impredecible (...) Considerarla secundaria siempre y en cualquier parte, porque a ella sólo se llega a propósito de otra cosa".

La felicidad no es estática, ni se siente siempre de manera uniforme. La felicidad es rebelde, cambiante, se experimenta a veces, se vive en momentos, y de un segundo a otro nos abandona. Pero si no nos damos cuenta de ello y la buscamos en los libros, en ideales predeterminados, en esperanzas fijas y dogmáticas o en aspiraciones noveleras, seremos más que infelices, unos pobres eunucos o princesas perdidos entre castillos teóricos y nada más.

julieta.lomeli.balver@gmail.com