Lo bello y lo triste

Lea y sea feliz

Gran parte de la literatura de superación personal sugiere el mínimo esfuerzo, pretendiendo sacar el mayor provecho

Contemplando un poco el frenético clima poblano, comía en un Sanborns, todo iba bien, incluso llegaron a mí mensajes optimistas muy vulgares, "enamorada estoy verdaderamente de la vida, porque la vida es todo aquello que crece como los árboles".

Sorprendida con el tono tan rosado de mi voz interna, seguí: "me gustaría también comprar alegría, para estar siempre contenta y feliz; que nadie nos prohíba sonreír porque la sonrisa es uno de los regalos de la vida".

Yo abatida en hermosas sentencias y luminosos pensamientos, me di cuenta que no era mi existencia, más que un vaivén sin clemencia y con un poco de retórica comprada y una que otra terminación rimada, lograría ser obtusamente feliz.

De repente me di cuenta, que no era mi propia voz la que dictaba los mensajes de la sonrisa gratuita, sino que estaba sentada en el retrete de un baño –no lean esto de forma escatológica porque la anécdota tiene que ser ante todo bella–, y en un impulso ventoso, de esos que te cuestan mucho, me puse a leer la contraportada, así es, la contraportada de un libro de superación personal que estaba pegada en la puerta del pequeño baño público del Sanborns.

Terminé... de leer y de todo lo demás. En una posterior auto-retroalimentación de dicha experiencia, pensé que la estrategia de publicidad de estos "libros Sanborns" es asertiva porque definitivamente es una literatura digna para cagar.

Leer a Dan Brown, aún puede resultar aceptable, un autor muy entretenido, con una narrativa de lectura rápida, muy fácil de digerir, con tramas misteriosas y finales de complot –lo necesario para vender–, y convertirse a nivel global en uno de los autores más leídos de 2013. Incluso, si uno quiere aprender de erotismo light, y de lugar común, pues hasta las "Cincuenta sombras de Grey" podrían servirnos de algo. Pero bien, mejor no hablemos de listas, porque todos hacen la suya y resulta irrelevante creerlas o no. Lo que resulta increíble es creernos toda aquella literatura de superación personal, que nos promete resolver nuestros problemas y darnos "El secreto final para obtener absolutamente todo lo que tú quieras. (Mike Hernacki, editorial Panorama, 2011, pp.76)."

Tampoco hay que pensar que la verdad espiritual y existencial pueden ser entendidas tan sólo con leer "Metafísica 4 en 1. (ConnyMéndez, editorial Libros, Lectores y Servicios, 2000, 4 volúmenes)". Resulta vano creer que para obtener aprendizaje intelectual y emocional, "no es necesario hacer esfuerzos sobrehumanos para que nos penetren las cosas en la cabeza. Es un proceso natural; eso sí, hay que poner de nuestra parte la buena voluntad de releer, volver a releer y volver a leer hasta que sentimos que lo aprendido es automático", como escribe Méndez.

Gran parte de la literatura de superación personal sugiere el mínimo esfuerzo, pretendiendo sacar el mayor provecho. Tendencias ridículas como la tan en boga "ley de atracción" que te puede acarrear felicidad, riqueza y bienestar físico, con el sólo hecho de desearlo, hacen del lector una víctima, pero no del mercado editorial de bajísima calidad, o de los oscuros designios capitalistas, nada de eso, sino tan sólo un víctima de sí mismo, de su propia mediocridad. Si estos libros se venden es porque hay un público muy amplio que los compra.

Si quisiera dejarles a todos aquellos fanáticos de la superación personal un consejo simple y de sentido común, tan sólo les diría que: para ser felices y exitosos, hay que empezar por ponerle más cabeza, incluso, a lo que se lee.