Misiones de paz: un giro radical de México

La participación de tropas mexicanas en las misiones de paz de la ONU anunciada por el Ejecutivo supone un giro radical en la política exterior del país, muy esperado por destacadas figuras pero criticado por
la izquierda, que considera un error enviar soldados a otro país cuando no hay seguridad interna.

El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, anunció este miércoles ante la Asamblea General de Naciones Unidas la participación de su país en Operaciones de Mantenimiento de la Paz, lo que calificó como un “paso histórico”.

Según analistas consultados, este anuncio sepulta los principios de no intervención y de libre autodeterminación de los pueblos, esgrimidos durante décadas por los gobiernos mexicanos y que formaban parte de la llamada Doctrina Estrada postulada en 1914.

El historiador mexicano Lorenzo Meyer recuerda que durante décadas la piedra angular de la política externa fue la no intervención en asuntos internos de otros países. “Ni permitíamos intervenciones, ni aceptábamos intervenir en otros países”, señala.

La Doctrina Estrada, promulgada por el diplomático Genaro Estrada, fue resultado de las intervenciones de otros países contra México, en particular la guerra estadunidense de 1847, la intervención francesa de 1862 y otras más, principalmente de EU.

Según Meyer, estos principios se mantenían de manera formal, pero dejaron de ser esgrimidos en la práctica por los gobiernos. Poco a poco se impuso la idea “en algunos círculos” de que México debía participar en el sistema político internacional, comenta. En ese sentido, la ex canciller Rosario Green recuerda que entre 1994 y 2000 el entonces presidente Ernesto Zedillo, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), “estuvo abierto a muchas propuestas de ponernos el día” en esta materia.

Sin embargo, dentro de la cancillería había “voces muy fuertes que lo hacían complicado”, por lo que se dejó de lado la posibilidad de participar en las operaciones de paz, indica.

La decisión de Peña Nieto, quien en 2012 llevó al PRI de vuelta a la Presidencia tras dos mandatos del Partido Acción Nacional (PAN), representa “un nuevo gran paso” en la política exterior, que había sido reclamado por la comunidad internacional, declara Green.

México ha sido muy activo en temas económicos y globales como el comercio, la inversión y el cambio climático, pero se había negado a asumir esta responsabilidad en las misiones de paz de la ONU.

Jorge Castañeda, secretario de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Vicente Fox (2000-2006), del PAN, también considera “muy positivo” el anuncio, aunque “se tardó demasiado, en gran medida por la oposición del propio PRI”.

No había “ninguna razón para que México abdicara de su responsabilidad como miembro de Naciones Unidas”, afirma el intelectual, quien recordó que países como Brasil, Chile o Uruguay llevan 30 o 40 años en esas acciones.

El analista José Antonio Crespo indica que el rechazo de México se debía a “cuestiones de soberanía” y a “doctrinas ya más bien arcaicas”.

Por ello, considera este viraje “más adecuado a los tiempos actuales”. México no puede estar al margen de las responsabilidades internacionales, apunta.

En contraste, el senador Alejandro Encinas, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), consideró un “error” y una regresión de lo que ha sido un pilar de la política exterior mexicana: el respeto a la autodeterminación de los pueblos.

“México debe mantenerse como un país pacifista, neutral y donde sus fuerzas armadas deben solamente avocarse a garantizar la seguridad y la integridad de nuestro territorio”, afirma el político, si bien apoyó la participación en casos de desastres naturales.

El coordinador de los senadores del PAN, Jorge Luis Preciado, también respaldó la intervención en operaciones humanitarias, pero en cuanto al envío de tropas considera necesario “apagar los fuegos internos antes de pensar en una situación externa”.

Meyer considera “patético y ridículo” que el gobierno ofrezca enviar tropas a otros países cuando no puede garantizar la seguridad, los derechos humanos y mantener la paz del país, desde hace años agobiado por la violencia del crimen organizado.

“Cómo vamos a ofrecer tropas si no podemos poner orden en casa”, indica el historiador, quien recordó que desde que los soldados fueron desplegados desde 2006 en varias regiones del país para combatir a los cárteles de las drogas han estado implicados en numerosas violaciones a los derechos humanos.