Opinión

México ante la migración infantil

La migración ha existido en todos los tiempos, es parte de la historia de todos los países del mundo y así ha sido desde los tiempos más remotos de la humanidad. Según la última revisión de cifras de la División de Población de las Naciones Unidas, en 2013, India fue el país con más emigrantes en el mundo con 14.2 millones, superando a México con 13.2. En tercer lugar se encontró Rusia y en cuarto China con 10.8 y 9.3 millones respectivamente.

A contrario sensu, datos de las Naciones Unidas indican que el año pasado el país con más inmigrantes en el mundo fue Estados Unidos con casi una quinta parte del total mundial. En segundo lugar se encuentra Rusia con 11 millones, de los cuales la mayoría provienen de los países de la anterior Unión Soviética. Le siguen en importancia Alemania y Arabia Saudita con 9.8 y 9.1 millones, respectivamente.

México se ha caracterizado por ser un país de origen de numerosos flujos migratorios. La emigración por motivos laborales hacia EU es, por mucho, la principal corriente hacia el exterior. Se estima que en 2013 residían en ese país casi 12 millones de mexicanos, los cuales representan cerca del 30 por ciento del total de la población inmigrante. Entre otros países de destino para los mexicanos destacan España y Canadá.

Si bien nuestro país fue la segunda nación con más personas que emigran en el mundo, cabe destacar que ocupó el cuarto lugar en recepción de remesas. Por lo que hace a sus entidades federativas, Michoacán, Guanajuato, Jalisco, el estado de México, Puebla y Oaxaca fueron los principales estados expulsores de migrantes, así como los principales receptores de dólares (el año pasado, los 6 estados captaron casi la mitad de remesas del total nacional).

Evidentemente, el problema migratorio afecta no sólo a nuestro país, sino a muchos otros, pues además que conlleva a la desintegración familiar; esta situación es caldo de cultivo para que los migrantes sean víctimas en la comisión de delitos.

En el siglo pasado lo primero que se observó es cómo los padres de familia tenían que dejar a sus familias con el pretexto de conseguir un mejor nivel de vida; años después las mujeres son las que siguieron los pasos, lamentablemente, en esta época y ante la crisis que ha originado el sistema neoliberal en países como Guatemala, Honduras, México y el Salvador, ahora quienes toman este rumbo son los niños que huyen de la violencia de las pandillas locales o desintegración familiar, de los grupos delictivos, la pobreza extrema, entre otras situaciones.

Este problema ya se venía observando desde hace tiempo y nuestro país lo ignoró hasta que las críticas y presiones ya no dieron para más y ahora lo eleva a máxima prioridad, pero no como una política de estado Humanitario, sino más bien por la presión que estados Unidos enfrenta, al no poder frenar el éxodo de menores de estos países hacia su frontera sur y que originó la propuesta del presidente Obama de solicitar más recursos a su Congreso para reforzar la labor de la patrulla fronteriza.

Ahora, frente a esta oleada de niños migrantes no acompañados, la postura del gobierno de Peña Nieto debe ser primero que nada humanitaria y empezar por casa, es decir, atender a los miles de niños migrantes mexicanos que realizan esta peligrosa travesía, reinsertarlos en sus comunidades de origen, garantizarles alimentación, educación y salud, y detener la violencia y la inseguridad.

A su vez, proponer un plan regional entre los países que están involucrados, definir las responsabilidades que le corresponden a cada uno, revisar las solicitudes de refugio por razones humanitarias y la implementación de la repatriación forzada sólo en casos de emergencia; lo que se ve difícil, ya que en la agenda del gobierno federal el tema sólo será atendido cuando presione EU, sino al tiempo veremos qué hacen nuestras autoridades al respecto.