Los que están mirando

La lejanía de las bibliotecas en León como bien público

Resulta enigmático el concepto que vierten, desde la Administración Municipal 2015-2018 a través del resguardo de bibliotecas públicas, sobre la consideración del ser y quehacer de los recintos. Es decir, ubican un modelo rebasado en temporalidad que no corresponde al Siglo XXI, por los nuevos tiempos donde las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC's.) son compatibles con el libro y la lectura.

La somera mención que vierten, en el reportaje Atraen bibliotecas a más niños (AM 10-Ene-2017), me lleva a pensar en el desconocimiento que tienen sobre la Ley General de Bibliotecas (1988) donde se habla del ofrecimiento en forma democrática con respecto a los múltiples servicios de consulta de libros. Y de manera enfática de los servicios culturales complementarios.

Lo retoma con determinación el Reglamento de Bibliotecas Públicas del Municipio de León (2014) que ofrece la guía pertinente para la operatividad, en su momento, del ejercicio administrativo bibliotecario que se llevó a cabo con antelación y actualmente es sólo artificio para los actuales dirigentes.

Ahora no se piensa en tener bibliotecas para todos sino en fragmentar, a manera del libre mercado, según se lee entrelíneas en lo declarado al citado diario. Aplican el efecto polizón (free rider). Quiero decir, el consumidor (usuario) obtiene beneficios de exposición y orientación por parte de la biblioteca pero finalmente resuelve ir a otro lugar, físico o digital, porque no encontró lo que buscaba. (Cristina Rascón Castro, La economía del arte (2009), "Los lectores"). Con ello la baja sensible de usuarios es notoria y por ende no se forman lectores pero sí personas hábiles en manualidades como lo presentan.

Esta reciente administración bibliotecaria no reporta números ni contribuye a la construcción de metas logradas del gobierno actual.

Por otra parte, al endilgar la formación y capacitación del personal bibliotecario a los mismos, se fractura más el ya citado reglamento municipal de bibliotecas así como la consecución del proceso formador que mantienen las entidades tutelares, Dirección General de Bibliotecas y la Coordinación Estatal, para hacer bibliotecarios de carrera y no a la carrera.

Si bien el bibliotecario es la pieza fundamental de información, recreación y formación para con el usuario, no se les ayuda a que mejoren y obtengan el consabido "Certificado de competencias laborales para bibliotecarios" que se buscó tiempo atrás, por medio del Instituto Estatal de Capacitación (IECA). Por lo que se ve, a esta dirigencia bibliotecaria no le interesa generar la transversalidad necesaria —ir de la periferia al centro— para coadyuvar en la mejoría requerida.

Así pues, al dar cuenta de los pocos hechos y sucedidos en bibliotecas públicas con presupuesto del gasto corriente por los declarantes, no atinan a reconstruir con formalidad y seriedad un plan auténtico de trabajo ligado al de la SEP.

Ha pasado un año y casi cuatro meses y no reacomodan las piezas del sistema bibliotecario que merece León. No existe trabajo co-la-bo-ra-ti-vo. La premeditación de su discurso oficial abstracto, contrasta con la cercanía de las bibliotecas, como bien público, hacia la ciudadanía.