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La importancia de llamarse Enrique Rébsamen

Por estos días tan álgidos me preguntaron sobre la piel del lector. O dicho de otra manera: cómo encontrar la correspondencia, porque a uno lo rebasa una poesía y genera (aquí aludo a Seamus Heaney en sus "Enseñanzas de Eliot"), entre la necesidad de comprender y superar su rareza.

Entonces aparece la capacidad y confianza que se entreveran para identificar la piel del descifrador. Un tanto a la manera de la muchacha rival de Cecily en La importancia de llamarse Ernesto (1895) de Oscar Wilde, Gwendolen quien se alegra de poder decir que nunca ha visto una pala porque "nuestras esferas sociales son completamente diferentes", le confiesa.

Recordemos que las dos mujeres intercambian opiniones sobre Míster Ernest Worthing un consagrado bunburysta, quiero decir, alguien que ha inventado un personaje llamado Ernest (porque en realidad él lleva por nombre Jack) y a su vez su interlocutor Algernon le confiesa el haber inventado un inestimable inválido llamado Bunbury para también ir al campo cuando le apetezca. De allí el término que bien ajusta por estos días para determinar la importancia de llamarse... ¡Frida Sofía! La tan proclamada niña alumna del Colegio Enrique Rébsamen que un Oficial Mayor de la Secretaría de la Marina Armada de México Almirante José Luis Vergara junto con el Subsecretario Ángel Enrique Sarmiento al igual que el rescatista civil Rodolfo Ruvalcaba dieron por sentado que existía —por vistas, oídas y detección térmica— y merecía toda la atención para su salvamento.

La historia tiene cierto halo dramático y descriptivo—no como la obra de Wilde menos como la periodística de García Márquez en el Relato de un naufrago— pero la dosis de realismo hecha por la reportera de Televisa Danielle Dithurbide soportada desde la información dada por el Mando Único, compartido por un oficial de la Marina Armada y un general del Ejército mexicanos, provocaron un fenómeno bunburysta tan complejo que repercutió en las mal llamadas redes sociales donde la República de los culos blandos dio rienda suelta a su eficacia de comunicación. Esto no era más que remedar el diálogo entre Jack y Algernon sobre todo cuando este último le dice: "No pareces darte cuenta de que en la vida (...) tres son una compañía y dos son nadie". Pero Jack, mejor dicho nuestro comprometido Ernest, le revira: "Ésa, mi joven amigo, es la teoría que el corruptor (...) ha propagado por los últimos cincuenta años".

No hay mejor explicación para entender el citado fenómeno de comunicación que no se sostuvo y que, por ganar la exclusiva de la noticia, el reportero de Azteca Noticias Mariano Riva Palacio recibió de manera abrupta a una joven voluntaria quien le mencionó —con teléfono móvil en mano— que había sido rescatada la niña Ana Álvarez del Colegio Enrique Rébsamen.

El cauto reportero preguntó entonces cómo se había enterado y la joven voluntaria, ansiosa de colaborar con las noticias del día, mencionó que por la red social en que se encontraba conectada le notificaron. Luego uno y otro reiteraron la noticia en directo a la audiencia. Pero... al paso de las horas no hubo mención alguna más sobre si la niña Ana Álvarez era en realidad la niña Frida Sofía tan buscada.

Ya sabemos que ser cínico es demasiado fácil. No por nada ya los tutores de Noticieros Televisa, Denisse Maerker y Carlos Loret de Mola, salieron el pasado domingo 24 por la tarde a explicar que la culpa de todo la tienen los voceros de la Marina Armada de México y con ello se curan en salud al virar la noticia a la complejidad de los permisos de construcción autorizados al colegio intervenido. Es verdad que en todo hay una enorme competencia. Pero los reporteros de a pie mencionados dieron rienda suelta al imaginario construido desde las redes sociales e hicieron caso del Mando único quien dio vida a nuestra sufrida Frida Sofía y a la fugaz aparición de Ana Álvarez que se disolvieron con el consabido telón de teatro. ¡Usted disculpe! Porque ya no es momento de fingir como tampoco decir que nunca habían visto una pala.

Ahora bien. Vuelvo a la obra de Wilde que por cierto tuvo su estreno en 1895 y con ello le permitió viajar a Argel con lord Alfred Douglas. Allí vio a André Gide quien luego daría testimonio del affaire del escritor inglés y su joven acompañante. En dicho año también se abre su proceso bajo la acusación de sodomía y su posterior condena que lo lleva a la cárcel de Reading.

Comento todo esto porque es el año (1895) en que Enrique Rébsamen instala la Escuela Normal Oficial en León, México. También porque es el inicio de las llamadas Escuelas Modelo que tienen sustento en la pedagogía propuesta por el notable maestro referido y porque se da de alta la construcción del edificio de la Escuela Modelo, todavía en pie sobre la calle de Juárez, bajo la tutela del Arquitecto Cecilio Luis Long Reading. Entonces la importancia de llamarse Enrique Rébsamen por estos días estriba en cómo la piel del lector, tiene eco en las palabras pedagógicas, desde el pensamiento y la memoria, donde uno puede leer en silencio ("imaginación auditiva" le llama Eliot) para potenciar mejor cuando las palabras se articulan en voz alta.

Por eso qué razón tiene Seamus Heaney cuando al principio de su libro Al buen entendedor* escribe: To my friends in Mexico/ "Hearers and hearteners of the work". O sea: A mis amigos de México/ "Que, atentos, alientan la obra".

Alentar la obra en todo el México dañado es lo que nos toca ahora.

*Seamus Heaney, Al buen entendedor. Ensayos escogidos. Selección y traducción de Pura López Colomé, FCE, 2006, 1ª. Edición, 252 pp.