Los que están mirando

El día del libro y la rosa amarilla

Resulta interesante, y a la vez ácrata, que a la muerte de algún escritor prominente, los reporteros de los medios electrónicos así como sus comentaristas, a cuadro, prodiguen la oportunidad de hablar como se debe del acontecimiento y con ello dilapidar una de las muchas formas de la función social del arte.

Sucedió con Juan Gelman luego con José Emilio Pacheco y ahora con Gabriel García Márquez donde los surtidores de palabras, luego de sendas notas, remataban el final con la reiterada invitación a que los fanáticos podrían asistir a las exequias laicas del fallecido.

¿Desde cuándo los poetas y escritores tienen fanáticos? ¿Dónde quedaron los lectores? Y aún más: ¿por qué se busca ir al abismo de la noticia y no al epicentro primario y luego a la periferia del hecho?

El adiós a un poeta o a un escritor notable, al parecer, desde la duopólica t.v. mexicana significa complicidad del brillo de los puntos negros del reportero en turno que se regodea en su perorata vertida desde la solitaria circunstancia.

No atiende los principios del periodismo básico como tampoco la confección de un dossier paulatino que lo lleve a certificar los hechos y sus apropiaciones.

Tratar, por ejemplo, a un personaje como Gabo ―desde su patriarcal potencia como autor― como una estrella más del espectáculo raya en lo vulgar y lo poco ético. El reportero escamotea, de manera incesante, la verdad histórica. No atiende la dialéctica entre el signo y el sentido. O mejor: entre el fondo y la forma.

Si bien los noticiarios abogan porque sus noticieros viertan su versión, estos últimos pretenden escaquetar la perenne noticia que los fans pueden asistir sin menoscabo alguno a despedir al célebre autor.

Seguro algún despistado fan será testigo presencial del hecho. Tendrá sin duda la soltura posterior de la memoria pero no podrá recordar la vida y obra de José Arcadio Buendía que lucha contra la verdad, es decir, el olvido. Tampoco estará inconforme con Melquíades el gitano. Al contrario apoyará el conjuro de la desmemoria vertido y... para hacer patente lo anterior, su fanatismo lo demostrará con alguna imagen fotográfica, cerrada y acrítica, ―al lado de una muy ocasional anécdota― que replicará por doquier.

No habrá profundización en la literatura si no se tiene el reconocimiento del escritor y su obra. Se necesita un todo orgánico que comprenda la serie constatada en el libro que es diálogo y funda un sistema unitario con el lector. No necesitamos fans para la literatura. Menos descifradores de noticias. Necesitamos valorar el talento del autor, aquí parafreseo a Mafalda en su mensaje del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, 23 de Abril para que nuestros personajes no callen. Solo así colocaremos una rosa amarilla, donde corresponde, para un grande de la revolución.