Mercados en perspectiva

Se llama volatilidad

Todo hacia abajo, todo hacia arriba, optimismo, pesimismo, ánimo, desánimo, miedo, confianza, certidumbre, incertidumbre; esto es la volatilidad, un comportamiento bipolar. Y creemos que seguirá pasando. Desafortunadamente, el buen ánimo del mercado y las buenas expectativas no están ciertas, pero el panorama es radicalmente distinto y mucho más favorable que hace 15 días.

¿Qué ha cambiado? Sin duda y en primer lugar un rebote de más de 10 por ciento en los precios del petróleo, en principio hay un acuerdo entre países árabes, algunos emiratos, Arabia Saudita, Rusia y Venezuela para congelar los niveles de producción a los rangos de enero; no reducen la producción, pero la congelan. No es exactamente lo que queríamos oír pero es un principio, y por lo menos esto le pone piso a una caída libre; si el acuerdo hubiera sido reducir la producción, el rebote habría sido mejor aún; falta formalizar el acuerdo, ver que se respete y que se adhieran más países. Otra cosa que puede ayudar es ver disminuir ligeramente los niveles de inventarios de petróleo en EU, y no aumentarlos de manera constante.

También cambió la percepción de recesión en EU, hay más creyentes de una desaceleración que de una recesión; indicadores económicos muestran un frenón, pero aún son consistentes: consumo, empleo, construcción de casas, confianza del consumidor, etcétera; todos muestran un menor ritmo, pero no es catastrófico. Sería probable tener un año sin aumentos de tasa de la Fed; si la desaceleración es importante, con más razón.

Los bancos centrales y los gobiernos de la Unión Europea, Japón y China han anunciado que buscarán la manera tanto de incentivar sus economías como de aumentar la inflación. Tres economías de esa magnitud al anunciar eso sin duda inyectan confianza; los estímulos no se limitan a mayor impresión de dinero, puede incluso haber incentivos fiscales aún mejores.

En México nos sorprendieron con medidas que son dolorosas, pero sanas: recortar 132 mil millones de pesos al presupuesto, subir la tasa 0.50 puntos y suspender las subastas, mandan un buen mensaje; seremos austeros, nos apretaremos el cinturón y no nos endeudaremos más. En los dos últimos años de Felipe Calderón y los dos primeros de Enrique Peña nuestro porcentaje de deuda respecto del PIB ha pasado de 38 a 50 por ciento; no hay mucho margen ahí y no podemos arriesgarnos a que nos bajen la calificación crediticia, pues ello provocará una fuga masiva de capitales y, desde luego, más devaluación. En ese caso la devaluación del peso será nuestra exclusiva, a diferencia del fortalecimiento global del dólar.

Existe una sensible mejora, pero vulnerable en todos los puntos anteriores, y tan es vulnerable que en cualquier momento pasamos de este ánimo, al desánimo, de la alegría a la tristeza... a final de cuentas, a más volatilidad.


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