Mercados en perspectiva

Demasiado optimismo

Percibo que últimamente estamos con un sentimiento muy positivo en torno a temas que fácilmente pueden dar la vuelta; está bien, yo por naturaleza soy optimista y tiendo a ver las cosas con ese optimismo, pero siempre tomo en cuenta los riesgos y las diferentes variables que pueden complicar los escenarios que construimos. Hoy tenemos una relación peso-dólar de nuevo estable, cercana e incluso por debajo de 18 unidades; mucho del análisis que se lee sugiere que el tipo de cambio podría seguir bajando, con la posibilidad de acercarse a 17 pesos por dólar; esto no lo veo imposible, pero creo que no se debe olvidar que muchas circunstancias que de momento vemos con optimismo se pueden descomponer fácilmente.

Sí creo que México tendrá un mejor año de lo que pensábamos al principio; también que Donald Trump no es tan peligroso como lo creíamos, pero tampoco hay que confiarse y descartar que nos puede hacer más daño, pues el tema del Tratado de Libre Comercio sigue sin resolverse.

Además, la OPEP ya no es tan poderosa como antes, pues EU, Canadá y Rusia —países no miembros— han tirado por la borda el empeño de estabilizar los precios, por lo que a pesar de los esfuerzos de las naciones árabes y de esa organización, el energético puede volver a estar por debajo de 43 dólares el barril. Esto debería afectar al peso, porque seguimos siendo muy dependientes, en materia fiscal, del hidrocarburo.

El tema electoral quizá no haga mucho ruido este año, pero estoy convencido de que a principios de 2018 presionará al peso, por la amenaza que representa el triunfo de una izquierda arcaica y un líder negativo, quien ha demostrado su poca visión de Estado y su nulo respeto tanto a las instituciones como a la gente que lo rodea.

Por todo lo anterior, aunque pasamos por un momento relativamente positivo, lo recomendable es diversificar las inversiones por tipos de activos y monedas, ya que para aspirar a rendimientos atractivos es necesario arriesgar un porcentaje en acciones y en clases de bonos. Un portafolio competitivo incluiría una base sólida en activos, respaldados por los gobiernos —tanto en pesos como en dólares—, y a su vez acciones de la BMV, así como de firmas estadunidenses; al tomar como base a una persona con perfil moderado, es un buen momento para destinar entre 30 y 40 por ciento en dólares, y de la misma manera 30 por ciento en acciones (una parte en México y otra en EU). Ante un entorno positivo esa estructura funcionaría muy bien, porque la operación cambiaria solo le pegaría a una porción del portafolio, mientras que los bonos y las acciones tendrían un desempeño favorable y el rendimiento total sería muy aceptable. En un contexto negativo, el rendimiento también sería razonable, porque aunque los bonos y las acciones podrían ser vulneradas, el efecto de la depreciación del peso contribuiría a un retorno muy decente, además de ser una estrategia defensiva.

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