Doble Fondo

Del “nos vemos a la salida” al cruel "bullying" de hoy…

Algo estamos haciendo mal como sociedad si un antiguo "trompo" a la salida ha degenerado en lo que se padece ahora.

El viernes pasado se informó de uno de los casos más horribles de bullying en México: en la secundaria federal Carlos Pellicer, ubicada en el municipio Emiliano Zapata de Tabasco, un grupo de alumnos aplicó el temerario columpio al niño Kevin Calderón Díaz. Dos veces lo cogieron de pies y manos, lo mecieron vertiginosamente y lo estrellaron contra el piso. En otro momento lo acosaron dentro de un salón de clases —él sentado en un pupitre— para obligarlo a pelear, hasta que, vejado una y otra vez, el chavo fue forzado a participar en una reyerta, durante la cual no hizo gran cosa por defenderse. Pero eso no es lo peor: en un patio los escuincles sujetaron a Kevin de pies y manos, le colocaron cinta canela y luego lo encerraron en una jaula, una especie de gallinero dentro del cual ya no aparecía maniatado. El niño no podía salir de ahí, ya que en la parte superior de la celda los mocosos colocaron piedras para que el menor no pudiera levantar el techo de alambre.

Lo que más me asombró fue que en el acoso contra el menor, que padece problemas motrices desde su nacimiento, participaba y observaba… una niña. Una niñita acicalada con una trenza y un infantil moño rojo en su cabeza. Sí, la maldad no tiene género ni edad.

Según un estudio de la OCDE, México ya ocupa el primer lugar en este problema del bullying: afecta a más de 18 millones de alumnos de primaria y secundaria, tanto en escuelas públicas como privadas, de acuerdo con un reporte publicado por mi compañera reportera Blanca Valadéz el 23 de mayo de este año.

La CNDH informa que siete de cada 10 menores padecen este acoso, que va en crecimiento: aumentó 10 por ciento en los últimos dos años (2011-2013). Investigaciones del IPN y de la UNAM calculan que, de los más de 26 millones de niños que hay en los niveles preescolar, primaria y secundaria, entre 60 y 70% ha sufrido bullying, lo cual ha derivado en bajo rendimiento, deserción e incremento de suicidios.

Estos grados de hostigamiento no existían cuando yo cursaba primaria y secundaria. No afirmo que fuera adecuado, pero en mis tiempos infantiles y adolescentes todo se resumía en una frase: “Nos vemos a la salida”. Y a la salida, en los alrededores de la escuela, uno se liaba a trompadas con quien le cayera mal o con quien estuviera jodo y jode. Punto. A veces se ganaba, a veces se perdía, pero el asunto solía concluir cuando a uno de los dos contrincantes le salía mole de labios o nariz, como se le llamaba antes a un hilillo de sangre que brotaba en esas partes del rostro. Los mirones felicitaban tanto al ganador como al perdedor y el diferendo concluía entre ambos con un apretón de manos o una palmada en la espalda. A veces se requería una revancha y una nueva revancha realizadas en días posteriores, pero la cosa solo pasaba a más si alguno pretendía involucrar a su palomilla en la disputa, lo cual ocasionaba que el otro acudiera a la pandilla de su colonia o club deportivo para que le hicieran “el paro”, lo cual podía derivar en una batalla campal con bates y bóxers. Pero lo usual, al ver lo que iba a ocurrir, era que los líderes pusieran fin a la baladronada con un “Ahí queda”, que evitaba el enfrentamiento tumultuario.

Algo estamos haciendo muy mal como sociedad si un antiguo trompo a la salida ha degenerado en lo que se padece ahora. Quizá nosotros, los niños de ayer, debimos suprimir esos duelos que nos hacían sentir bien, ganáramos o perdiéramos. Tal vez, pero a lo de hoy todos estamos obligados a ponerle un alto, porque queda claro, como se ve en las redes sociales, que la desventajosa crueldad está fuera de control…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

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