Doble Fondo

Un tristísimo fracaso más del Tri futbolero…

La selección no ganó nada. Si hubiera regresado después de caer en cuartos de final, entonces sí, sus exégetas podrían decir que no ganó el Mundial, pero que logró algo histórico en la gris narrativa del futbol nacional.

Pudieron haberlo hecho, pero no, no hicieron historia estos chavos y veteranos de la selección nacional. Tuvieron la gran posibilidad de conseguirlo y no lo lograron. Hay que decirlo de forma rotunda: fue un tristísimo fracaso más en un Mundial de futbol. Ese es el resultado final. Eso es lo que cuenta. Eso es lo que queda en la historia futbolística: México volvió a perder en octavos de final por sexta vez consecutiva (desde Estados Unidos 1994, 20 años). Como bien recordó con honestidad Héctor González Iñárritu inmediatamente después del partido contra Holanda: “El objetivo mínimo era llegar a cuartos de final”. No se cumplió. Por lo tanto, fue un fracaso. Si no se cumple con el objetivo mínimo trazado en cualquier empresa, en cualquier trabajo, en cualquier actividad, se fracasó. Y hay que aprender y crecer desde ahí. Punto. Lo demás es comedia de muñecos. Pataleta. Negación.

¿A partir de qué razonamiento honesto se puede decir otra cosa? ¿O vamos a victimizarnos de nuevo con esas odiosas frases evasivas y deshonestas que denotan tanta mediocridad y conformismo y que ayer, después del partido, llenaron las redes sociales?

—“Jugamos como nunca, aunque perdimos”.

—“Nos robaron (falso: Rafa Márquez le dio un pisotón a Robben y sí era penal)”.

—“Ya merito”.

—“Estuvimos a punto”.

—“Perdimos, pero dejaron todo en la cancha”.

—“Nos regresamos con la cara en alto”.

—“No se cumplió, pero estuvimos a la altura”.

—“Perdimos con dignidad, alma y corazón: qué orgullo”.

Y así, hasta la náusea. No jodan. La selección no ganó nada. Nada. Si hubiera regresado después de caer en cuartos de final, entonces sí, sus exégetas podrían decir que no ganó el Mundial, pero que logró algo histórico en la gris narrativa del futbol nacional, porque hubiera sido la primera vez que el Tri se hubiera colocado en esa etapa en un Mundial realizado fuera de México (en 1970 y en 1986 se llegó a cuartos de final).

Luego de vencer con claridad a Camerún, de paralizar a Brasil y de arrollar a Croacia, brotó la esperanza de que algo histórico pudiera ocurrir. ¿Se le podía ganar a la Holanda arrolladora? Sí, se le podía neutralizar, como sucedió en la mayor parte del encuentro de ayer, y también ofender, como se hizo con el golazo de Giovanni. Pero surgieron de nuevo la mediocridad, la falta de temple (alma depredadora), el error estratégico del entrenador, y las pifias de los jugadores. Holanda se fue encima, fiel a su épica futbolera, y México dejó de tocar, de jugar, de ser vertical, de intentar liquidar. Herrera sacó a Giovanni y metió a Aquino. Sacas a un delantero y metes a un medio para contener, entonces, ¿qué carajos le estás mandando a decir a tu equipo? “Échense atrás y que la Virgen nos agarre confesados”. Pudo el Piojo haber aprovechado el cooling break para templarlos y mandarlos a tocar, anotar y finiquitar, pero no. Y los holandeses, que son asesinos, huelen la sangre y hacen lo suyo: a cuatro minutos del final empatan y en compensación matan. Como Alemania en 1998, a la que le ganábamos 1-0.

Una lástima, porque hicieron soñar: después del gol de Dos Santos pensé que ahora sí México podría estar no solo en cuartos de final, sino plantarse en una semifinal, ya que podría vencer a Costa Rica o Grecia en cuartos de final.

Triste. Otro nuevo fracaso. Espero ver algún día con mis hijos lo que he soñado desde pequeño, cuando tenté ser futbolista: un equipo de México campeón de un Mundial de futbol, uno que provoque rostros eufóricos en los niños, en vez de ojos llenos de lágrimas por el dolor futbolero…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

http://twitter.com/jpbecerraacosta