Doble Fondo

La salida de Carlos Romero Deschamps…

Este hombre ya no suele aparecer tanto en Palacio Nacional, en Los Pinos, en importantes actos de Estado, sonriendo, departiendo con todos los hombres del poder.

El viernes pasado mis compañeros reporteros Angélica Mercado y Omar Brito, quienes cubren de forma estupenda la fuente del Senado, publicaron una nota que llevaba esta cabeza: “Romero Deschamps, contra los despidos injustificados”. Lo que pretende el líder de los trabajadores petroleros es, a través de dos iniciativas para modificar los artículos 53 y 54 de la Ley Federal del Trabajo, “defender a su gremio de eventuales despidos injustificados, disfrazados de renuncia voluntaria”.

Son, al parecer, las primeras propuestas de su autoría en su larga carrera legislativa (ha sido tres veces diputado y dos senador). Por ello de inmediato pensé que este hombre podía estar tramando algo. Sin duda que para este líder eso de renunciar a dirigir al sindicato debe ser duro. Y aquello de retirarse “voluntariamente” de sus ligas con Pemex debe ser aún más duro.     

Cuando fue detenida Elba Esther Gordillo, el Presidente de la República prometió:

—En México no hay intereses intocables…

Al parecer el ocupante de Los Pinos está dispuesto a cumplir con esa promesa, porque para Enrique Peña Nieto este hombre, Romero Deschamps, representa, a la vez, una imagen del antiguo régimen de partido de Estado que no desea que se ligue de ninguna forma a su mandato, aunque Romero Deschamps ha sido un aliado en todo lo que se refiere a la reforma energética. Y es que un gobierno que presume de querer proyectar un México moderno, reformista, con plataformas renovadas, no puede parecer que protege o tolera a un hombre prototípico del líder sindical y caciquil del siglo 20: aquel personaje de la picaresca mexicana que se enriquecía impunemente, sin explicación alguna.

A partir de 2008 al hombre se le han achacado posesiones y compras inexplicables para un representante sindical que formalmente percibe 25 mil pesos mensuales. Y las preguntas siempre han sido las mismas. ¿De dónde salió el dinero para llevar la vida ostentosa que se le adjudica? ¿De las cinco veces que ha sido legislador? ¿Del sindicato? ¿De negocios con Pemex? No serían gastos de un dirigente sindical, se le reprocha, sino de un magnate petrolero, o de un alto ejecutivo de un coloso petrolero. De ser ciertos esos despilfarros, aún hoy, serían un insulto en este país.

Este hombre ya no suele aparecer tanto en Palacio Nacional, en Los Pinos, en importantes actos de Estado, sonriendo, departiendo con todos los hombres del poder. De persistir esa relación con Romero Deschamps y sus adláteres, parecería un aval a sus estilos de vida poco decorosos.

La marca del “México en movimiento” no puede confundirse ya con una especie de permanencia o restauración de la antigua famiglia priista a la que le hacía justicia la Revolución… a punta de billetazos repartidos. O saqueados. Y siempre tolerados. El señor Carlos Romero Deschamps se va. Y me informan que será una salida tersa porque en el sistema priista se le reconoce haber mantenido funcionando a la principal empresa de México sin grandes sobresaltos laborales o políticos.

A ver, a ver si es cierto que se concreta su partida, como me informan, a más tardar a finales de este año o a principios de 2015. A ver…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

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