Doble Fondo

Que con su reforma energética no nos coman vivos…

Ojalá no nos coman vivos empresarios nacionales y extranjeros. Y que luego tengamos que escuchar las razones que condujeron a un Presidente a expropiar de nuevo todo lo cedido.

Recordemos: 29 de julio de 2014. Senado de la República. El gobernador de California, Jerry Brown, es escueto pero contundente en su advertencia:

—Al cambiar el mercado de energía y tener estas compañías de petróleo privadas hay que tener mano dura, o si no se los van a comer vivos…

Hablaba de lo mal que les ha ido en 15 años a los californianos con su experimento privatizador petrolero y eléctrico. Ahora imaginemos por un momento que ya han pasado 15 años. Estamos en el segundo sexenio después del de Enrique Peña Nieto. La escena ocurre en Palacio Nacional. 18 de agosto de 2029. Este es parte del discurso que escuchamos del Presidente de la República:

Se ha dicho hasta el cansancio que la industria petrolera ha traído al país cuantiosos capitales para su fomento y desarrollo. Esta afirmación es exagerada. Las compañías petroleras han gozado durante muchos años de grandes privilegios para su desarrollo y expansión; de franquicias aduanales; de exenciones fiscales y de prerrogativas innumerables, cuyos factores de privilegio, unidos a la prodigiosa potencialidad de los mantos petrolíferos que la nación les concesionó, muchas veces contra su voluntad y contra el derecho público, significan casi la totalidad del verdadero capital de que se habla. Trabajo nativo pagado con exiguos salarios; exención de impuestos; privilegios económicos y tolerancia gubernamental, son los factores del auge de la industria del petróleo en México.

Examinemos la obra social de las empresas: ¿En cuántos de los pueblos cercanos a las explotaciones petroleras hay un hospital, una escuela o un centro social, o una obra de aprovisionamiento o saneamiento de agua; o un campo deportivo, o una planta de luz, aunque fuera a base de los muchos millones de metros cúbicos del gas que desperdician las explotaciones? ¿Quién no sabe o no conoce la diferencia irritante que norma la construcción de los campamentos de las compañías? Confort para el personal extranjero; mediocridad, miseria e insalubridad para los nacionales. Refrigeración y protección contra insectos para los primeros; indiferencia y abandono, médico y medicinas siempre regateadas para los segundos; salarios inferiores y trabajos rudos y agotantes para los nuestros.

Abuso de una tolerancia que se creó al amparo de la ignorancia, de la prevaricación y de la debilidad de los dirigentes del país, es cierto, pero cuya urdimbre pusieron en juego los inversionistas que no supieron encontrarsuficientes recursos morales que dar en pago de la riqueza que han venido disfrutando.

Han tenido dinero para enriquecer a sus incondicionales defensores, pero para el progreso del país, para encontrar el equilibrio mediante una justa compensación del trabajo, para el fomento de la higiene en donde ellas mismas operan, o para salvar de la destrucción las cuantiosas riquezas que significan los gases naturales que están unidos con el petróleo en la naturaleza, no hay dinero, ni posibilidades económicas, ni voluntad para extraerlo del volumen mismo de sus ganancias.

Ojalá que no nos coman vivos empresarios nacionales y extranjeros. Y que luego tengamos que escuchar las razones que condujeron a un Presidente mexicano a expropiar de nuevo todo lo cedido imprudentemente a esos codiciosos seres. Como hizo Lázaro Cárdenas en aquel discurso de 1938, algunas de cuyas partes cito aquí. Ojalá…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

http://twitter.com/jpbecerraacosta