Doble Fondo

A pesar del chip priista, ojalá le vaya bien al Presidente…

Y por eso, porque lo que ya está en grave riesgo no es un gobierno, sino el Estado mexicano todo, no quiero desear que las medidas que se tomen en los próximos días fracasen una vez más.

Como ciudadano he vivido suficientes agravios de parte de gobiernos priistas como para desear que no les vaya bien. Hasta el año 2000 gobernaron pésimo. Ellos, sus presidentes y sus gobiernos, hicieron pedazos la economía una y otra vez. No recuerdo, desde que tengo uso de razón, un sexenio en el que los ciudadanos no padeciéramos la impericia o irresponsabilidad priista en la conducción económica y financiera del país. Ni uno. Desde los años 70 los priistas provocaron sucesivas crisis económicas durante las cuales las pérdidas patrimoniales de millones de mexicanos fueron cuantiosísimas. Coches, casas, ahorros, pequeñas, medianas y grandes empresas se fueron al demonio.

En 70 años los priistas fueron incapaces de establecer políticas públicas de desarrollo social que permitieran sacar de la pobreza a más de la mitad de la población. ¡Setenta años! ¿A cuántos países en el mundo —en Europa, en América, en Asia— les ha bastado máximo un cuarto de siglo para lograrlo, para tener un país menos inequitativo? No consiguieron, en siete décadas, concebir una política educativa que condujera masivamente a niños y jóvenes mexicanos a ser competitivos a nivel mundial una vez que crecieran. Lo que sí arraigaron como cultura fue la corrupción: México es uno de los países más corruptos del mundo. Ahí están las mediciones.

Como régimen semidictatorial, fueron sumamente represivos. Desde los años 50 sometieron cualquier movimiento disidente que brotara en el campo, en las universidades, en las ciudades. Ferrocarrileros, campesinos, médicos, universitarios, obreros. ¿Cuántos opositores mataron, desaparecieron, encarcelaron, exiliaron? ¿Cuántas historias imposibles de documentar?

Como nieto e hijo de periodistas, y ya en mi oficio personal, también he padecido sus intolerancias: amenazas, chantajes, confabulaciones, traiciones, despojos, exilios: Excélsior, unomásuno, Macrópolis. ¿Cuántos periodistas asesinaron o sometieron? Otras historias imposibles de documentar. Y en los estados, lo seguimos observando: no hay manera de quitarles el gen priista a sus gobernadores y alcaldes (luego emulados y hasta superados por algunos perredistas y panistas): han reprimido, robado, delinquido sin inmutarse.

Así que para mí sería justificable decir: “Que le vaya mal a Enrique Peña Nieto. Es un priista más, igual a todos sus antecesores”, pero lo que enfrentamos hoy no es un asunto de gobierno, es un problema de Estado. Una severa crisis de Estado. Una crisis de inseguridad, de criminalidad, de violencia, de impunidad, de corrupción, de procuración e impartición de justicia. Una profunda crisis del estado de derecho.

Es una crisis que este gobierno, el de Peña Nieto, no sé por idea de qué genio, quiso eludir, omitir, ocultar, minimizar. Y por eso, porque lo que ya está en grave riesgo no es un gobierno, sino el Estado mexicano todo, no quiero desear que las medidas que se tomen en los próximos días fracasen una vez más.

Ya no es posible tocar más fondo. Como le sucede a un adicto cuando ya no tiene más camino que el de acabar de por vida en un siquiátrico, en la cárcel, en un panteón, o derrotarse y enfrentar sus adicciones: o México rehabilita su enfermísimo estado de derecho, o se va a enfrentar a más infiernos como los que se han documentado en Guerrero, Michoacán, Tamaulipas y tantos municipios de otros tantos estados.

Por eso, por eso ojalá le vaya bien al Presidente (a pesar de su evidente chip priista), ojalá funcionen todas las medidas que adopte junto al Congreso de la Unión…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

http://twitter.com/jpbecerraacosta