Doble Fondo

Dos pecados capitales jodieron a Hipólito Mora…

El primer pecado capital: haber desenmascarado a los arrepentidos y sus padrinos. Y si en vez de dar pruebas a las autoridades contra "El Pollo" se comprueba que lo mandó a matar, pues ahí cometió el segundo.

Hipólito Mora es el líder de las autodefensas del poblado de La Ruana, primero en levantarse en armas contra el cártel de Los caballeros templarios. No sé ya cuántas veces lo he entrevistado, cuántas veces he platicado con él fuera de las cámaras. Lo que sí sé es que su grupo es el que está formado por gente más humilde entre las autodefensas. Campesinos, pequeños limoneros, jornaleros. Pobladores de Felipe Carrillo Puerto (así se llama oficialmente La Ruana) de ropas modestas, de hablar sencillo, personas carentes de desplantes y cataduras de índole criminal, como he visto y padecido en otros grupos.

Hipólito había sido, hasta la semana pasada, cuando lo detuvieron acusado de “copartícipe” de dos asesinatos de otros miembros de las autodefensas, el interlocutor preferido entre las diversas autoridades del gobierno federal con las que he topado desde el año pasado. Y no lo era porque necesariamente les cayera bien, sino porque representaba el ala moderada, institucional de las autodefensas. Una y otra vez este hombre cincuentón reiteraba que lo que se requería en la Tierra Caliente de Michoacán era que el gobierno federal retomara las funciones que el Estado había abandonado durante décadas y que había que ayudarlo en eso.

Cuando el Ejército, la Marina y la Policía Federal finalmente rompieron el sitio de guerra que habían impuesto Los Templarios a La Ruana, Buenavista y Tepalcatepec, Hipólito se sentía liberado, rescatado y agradecido, literalmente, hasta el punto de las lágrimas. Lo que quería a partir de entonces era que las autoridades atraparan a todos los líderes de Los caballeros y que la zona quedara pacificada. Cada vez que un municipio era liberado y que los cabecillas de los delincuentes eran capturados, Hipólito se regocijaba, veía más cerca el momento en que el Estado retomaría completamente su principal función —garantizar la paz y la seguridad de los ciudadanos—, tiempo en que los civiles armados guardarían pistolas, escopetas y fusiles en sus casas.

Simultáneamente, Hipólito inició una inflexible cruzada para que no permanecieran delincuentes en su poblado. No permitió que los llamados “arrepentidos” volvieran. Esos operadores y sicarios de Los Templarios que pretenden camuflar no solo su pasado, sino su presente: buena parte de ellos aparentemente labora para el cártel Jalisco NuevaGeneración y otros presuntamente trabajan con un temible grupo de mercenarios llamado Los Viagra (ex templarios, exJalisco Nueva Generación), que se han erigido como el brazo más violento de las autodefensas, el cual asuela ya a hombres y mujeres de varias poblaciones, justamente con la misma insolencia de… Los Templarios.

Ese fue el primer pecado capital de Hipólito: haber osado desenmascarar y enfrentar a los arrepentidos y sus padrinos. De ahí, parte de su largo enfrentamiento con Luis Torres, El Americano, líder de las autodefensas de Buenavista Tomatlán. Y si por tener evidencias de que éste y Rafael Sánchez Moreno, El Pollo (junto a sus hijos), eran de esa calaña —de esencia gatopardo—, y en vez de dar pruebas a las autoridades para que procedieran, se comprueba que mandó a matar al segundo, pues ahí cometió su segundo pecado capital. Y si es así, pues ya se jodió y tendrá que pagar y penar por ese crimen.

Lo que se le puede venir ahora al gobierno federal ante el rompimiento entre autodefensas y autoridades: lidiar… con los ultras que enfrentó Mora y con los que aprovechan para enardecer a los confusos…

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