Doble Fondo

Las necropsias de los 22 de Tlatlaya…

Como reportero, quiero que me muestren, que me permitan ver, las necropsias y los certificados de defunción, con todo y fotos de los cadáveres completos, de los 22 de Tlatlaya.

El pasado 30 de junio, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) informó que se había producido un enfrentamiento entre militares y miembros de la delincuencia organizada en la comunidad de Cuadrilla Nueva, perteneciente al municipio de Tlatlaya (Estado de México), en una zona que colinda con Guerrero y Michoacán. Es un área en la cual hay intensa actividad criminal: tráfico de drogas, secuestro y extorsiones.

La Sedena indicó que, alrededor de las 5:30 de la mañana de ese día, un grupo de soldados realizaba un recorrido de vigilancia cuando avistó una bodega que era custodiada por personas armadas. Al aproximarse para efectuar una inspección del lugar, los soldados fueron recibidos a balazos. Los militares repelieron la agresión y en el enfrentamiento murieron 22 delincuentes, entre ellos una mujer menor de edad. Un militar resultó herido.

De acuerdo con la versión de la Sedena, en la bodega se cocinaban drogas, aparentemente metanfetaminas. En el lugar de los hechos fueron encontradas y decomisadas 38 armas. Además, tres mujeres que permanecían secuestradas fueron rescatadas. De todo esto se dio parte al Ministerio Público federal. No hubo mucha más información, solo trascendió que los criminales supuestamente pertenecían al grupo narco conocido como Guerreros Unidos.

Mi compañero Carlos Puig fue el primer periodista que empezó a obtener más información de los hechos, datos que publicó en sus columnas aparecidas en días posteriores a los hechos. Había cabos sueltos sobre lo ocurrido, en especial en lo que se refiere a la forma en que perecieron los delincuentes, porque, de que se trataba de criminales, no hay duda: solo quien delinque dispara a un grupo de soldados perfectamente identificados. A lo recabado por Carlos ya se suman dos trabajos adicionales: la revista Esquire, en su edición mexicana, así como la agencia Associated Press, publicaron hace unos días un par de notas con dichos de mujeres, quienes aseguran que los soldados mataron a tiros a los presuntos delincuentes cuando éstos ya se habían rendido y estaban sometidos en el piso. Es decir, que los habrían ejecutado.

Esto se desprende del testimonio de quien se dice madre de la única mujer abatida en el lugar, entrevistada por AP, y de quien afirma ser una de las mujeres liberadas en la bodega, entrevistada por Esquire. Ya han circulado versiones informativas para desacreditar a ambas mujeres. No sería la primera vez que grupos criminales utilizan a gente que forma parte de su base social para golpear instituciones, a fin de desviar la atención de sus atroces actos criminales, pero tampoco sería la primera vez que alguien en el poder intenta desacreditar testigos cuando se pilla a fuerzas del orden en terribles violaciones a los derechos humanos, o en monstruosos excesos de poder.

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, declaró que se va a investigar lo ocurrido. Lo mismo han dicho la PGR y la Sedena. La CNDH afirmó que hará lo propio. Qué bueno. Urge, porque además, el caso ya trascendió las fronteras.

Lo primero que yo, como reportero, quiero que me muestren, que me permitan ver, son las necropsias y los certificados de defunción, con todo y fotos de los cadáveres completos, de los 22 de Tlatlaya. A partir de ahí se puede iniciar un tejido reporteril para averiguar quién miente en este delicadísimo caso, porque aquí lo único claro es que alguien engaña. O más bien: que algunos mienten y engañan…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

http://twitter.com/jpbecerraacosta