Doble Fondo

18 mil 645 secuestros: son unos cobardes y huevones…

Los plagiarios son unos cobardes. Atrapan a cualquiera, cobran un rescate y huevonean hasta que se les acaba el dinero y vuelven a hacer lo mismo.

En el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) se indica que durante 2013 se perpetraron mil 695 secuestros en el país. Un promedio de al menos cuatro plagios (4.6) por día. Un rapto cada seis horas. Esa cifra basta para estremecerse, para indignarse, pero la realidad mexicana, cuando se trata de enormes desgracias, suele ser mucho peor…

Renato Sales Heredia, el recién nombrado zar antisecuestros (coordinador nacional Antisecuestros), finalmente oficializó (reconoció a nombre del Estado) lo que por años denunciaron las organizaciones de la sociedad civil, y hasta el Inegi: que son más, mucho más los secuestros que hay en el país, porque la mayoría de éstos no son denunciados. Se calcula que por cada secuestro que se denuncia, se dejan de denunciar… otros 11, aceptó.

Entonces, si hubo mil 695 secuestros reportados el año pasado ante el ministerio público, en realidad los perpetrados fueron… 18 mil 645. Eso representa 51 secuestros cada día. Al menos dos secuestros por hora. En México se ejecuta un secuestro cada media hora en algún estado de la República, en alguna ciudad, en algún municipio del territorio nacional.

El delito de secuestro es muy rentable para los criminales por el miedo que produce a los ciudadanos, quienes literalmente se paralizan y no lo denuncian cuando lo padecen.  Contrario a lo que ocurre con la mayor parte de los demás delitos, cuando el secuestro es denunciado y los delincuentes son capturados, la tasa de castigo es de 89%, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal. Es decir, prácticamente nueve de cada diez secuestradores denunciados y atrapados reciben sentencia y purgan sus delitos.

Así que el asunto es que los ciudadanos tengan confianza en las instituciones, denuncien, y que los cuerpos policiales investiguen y capturen a los secuestradores. El problema es que… no hay quien investigue y los atrape. Salvo cuatro excepciones documentadas por las organizaciones de la sociedad civil, a los gobernadores les importa un comino combatir el secuestro. A pesar de los multimillonarios recursos que se les asignan para el particular, no han creado grupos antisecuestro, o los que formaron son una pantomima.

Los secuestradores son unos cobardes. No hay delito más cobarde que capturar a un niño, a una mujer, a un anciano, a un hombre, y obligar a su familia (pobre, rica, de clase media, ya no hay distinciones) para que pague a fin de que su ser querido recupere la libertad. ¿Qué tiene de valiente capturar a un ciudadano indefenso y vejarlo cuando está recluido en un cuartucho? ¿Qué tiene de valiente aterrorizar por teléfono a la gente para que pague? Además, los secuestradores son unos huevones. Ellos atrapan a cualquiera, cobran un rescate, y huevonean hasta que se les acaba el dinero y vuelven a hacer lo mismo.

Los gobernadores son lo mismo. Ellos, en el usufructo de sus impunes virreinatos, mejor “gobiernan”, o sea, inauguran escuelas y hospitales que ni siquiera pagaron ellos mismos. Son idénticos a los secuestradores: cobardes y huevones. Y son cómplices, por omisión, de esos 18 mil 645 secuestros.

Ojalá y el gobierno federal los mande al demonio, les quite el dinero asignado para el tema, y cree 32 numerosas unidades antisecuestro de élite, una en cada entidad. Ojalá…

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