Doble Fondo

Las madres del "narco" y la hereje Sara Sefchovich…


Hace algunos años viajé a la Tierra Caliente de Michoacán para hacer un reportaje sobre los narcocementerios, las ostentosas tumbas que les erigían en sus pueblos a quienes habían pertenecido a grupos criminales. Ahí terminé de percatarme de los beneficios económicos que usufructuaban madres y esposas de criminales.

En polvorientos pueblos mi compañero fotógrafo y yo hallamos viviendas similares (menores en tamaño y peores en gustos decorativos) a las que se pueden ver en las Lomas de Chapultepec, o en San Pedro (Nuevo León), todas con vehículos de lujo a la puerta (Audi, Mercedes, Range Rover). En uno de los panteones nos topamos con modestas mujeres rurales que iban a visitar a sus difuntos… en tremendas camionetotas del año: Lincoln Navigator nuevecitas. Viudas o mutiladas de sus hijos, pero ricas.

Años después, en Progreso, Coahuila, donde fue abatido Heriberto Lazcano, El Lazca, líder de Los Zetas (en ese pueblo minero se refugiaba), los niños del lugar nos revelaron que de cuando a cuando llegaban los hombres del señor en sus trocas, hacían sonar unas sirenas, y les daban todo tipo de regalos: bicicletas, juguetes, tenis. Las mamás, todas contentas y calladas.

Cuando surgió el primer grupo de autodefensa en Michoacán, el de La Ruana, poblado que estaba sitiado por Los caballeros templarios, varias mujeres me narraron ante las cámaras (y fuera de éstas) que, además de producir limón, se dedicaban… a cocinar drogas. Sometidas pero adineradas.

Sara Sefchovich, socióloga e historiadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, y que durante años ha documentado las consecuencias de nuestra guerra contra el crimen organizado, ha escrito un libro que se llama ¡Atrévete! Propuesta hereje contra la violencia en México, editado por Aguilar, de Santillana, que a su vez pertenece a Penguin Random House. Ella, luego de revisar datos y proyectos, propone que las madres de los canallas los insten a arrepentirse y a cesar o disminuir la violencia. Que encabecen su aislamiento social.

Le he comentado a mi querida Sara que eso no será posible. Que ellas son cómplices por sus acciones (cuántas familias completas no se dedican al secuestro, la extorsión o el trasiego de droga), o por sus convenientes omisiones, pero que sí es una buena propuesta para que la acompañe el Estado mexicano en algunas regiones, municipios, pueblos, pensando en las nuevas generaciones de niños y adolescentes que en tantas zonas son presa de las tentaciones del dinero fácil (y vida corta) que ofrecen los delincuentes.

En un problema tan complejo y doloroso creo que todo lo que proponga alternativas, ante lo que no ha funcionado durante décadas, debe ser bienvenido. Lea el libro, es muy interesante y ya está en librerías…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

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