Doble Fondo

Los juguetes de "El Chapo" y el pene de Sean Penn…

El texto que Sean Penn, actor convertido en periodista (no es la primera vez que lo hace), publicó en la revista Rolling Stone sobre el encuentro que tuvo en octubre pasado con Joaquín El Chapo Guzmán, gracias a las gestiones de la actriz y productora Kate del Castillo (también presente en la reunión), me gustó mucho como crónica, salvo por algunos lapsos editorializados que eran innecesarios.

Si Penn quería exhibir el enorme poder intimidatorio del narco, lo consiguió con el impresionante pasaje donde, ya en una zona rural, el coche en que era transportado hacia la guarida del capo es detenido en un retén militar. El copiloto baja la ventanilla. Un par de soldados se percata de quién se trata... de uno de los hijos de El Chapo, Alfredo. Pasmados, los militares le permiten continuar su camino.

"Wow. So it is, the power of a Guzman face", redactó Sean Penn.

Traduzco, en interpretación libre:

"Eso bastó: el poder del rostro de un hijo de El Chapo Guzmán".

La historia está narrada en primera persona. A mí no me parece mal ese recurso cuando se trata de contar hechos extraordinarios. Recuerdo que en los años 80, además del texto principal de una historia, por ejemplo de una entrevista clandestina con guerrilleras en una cárcel de San Salvador durante la guerra de aquel país, era permitido hacer un texto adicional (un amplio recuadro) sobre las vivencias del reportero para lograr su cometido. Que describiera la tensión vivida, sus miedos y percepciones, estaba bien. Los lectores agradecían esa narrativa extra.

Sean Penn teje varios momentos así. Uno de los más íntimos es cuando, luego de uno de los desplazamientos para llegar hasta el escondite del sinaloense, toma un momento para orinar en el campo y súbitamente le da un ataque de pánico: se percata de que su vida está en manos de narcos salvajes que podrían torturarlo, mutilarlo, ejecutarlo. Se imagina destazado. Y le echa una última mirada a su pene. Por si acaso, se despide del miembro.

Las mejores declaraciones del delincuente también brotan en medio de la crónica. El Chapo, insolente, ostenta sus juguetes:

"¡Yo distribuyo más heroína, metanfetaminas, cocaína y mariguana que nadie en el mundo! ¡Tengo una flota de submarinos, aviones, camiones y barcos!"

Al final, el estadunidense cometió una gran pifia: permitió que El Chapo pospusiera la entrevista formal. Y tuvo su penitencia: tiempo después recibió respuestas triviales a un cuestionario insulso a través de un pésimo video casero. Las entrevistas se gobiernan o mejor no se hacen.

En fin, gran mérito periodístico del estadunidense su perseverancia para lograr un encuentro con El Chapo, como también fue notable y definitoria la participación de Del Castillo, que si entiendo bien no actuaba como cómplice del criminal, sino como una productora que quiere obtener la exclusiva para hacer una película de Guzmán Loera. Ninguno de los dos debe ser molestado por eso ni aquí ni en Estados Unidos. No jodan...

jpbecerracostam@prodigy.net.mx
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