Doble Fondo

La insonora, la invisible celda 20 de "El Chapo" Guzmán…

Joaquín Archibaldo Guzmán Loera, El Chapo, tenía un año, cuatro meses y 18 días recluido en el Centro Federal de Readaptación Social Número 1 Altiplano, en Almoloya de Juárez, Estado de México.

Ahí pasaba sus días el líder del cártel de Sinaloa. En la celda 20 del pasillo 2. Y ahí, el hombre de 58 años, originario de La Tuna, Badiraguato, tuvo 504 días para planear, diseñar y supervisar los trabajos de su fuga, a pesar de que durante 24 horas al día una cámara de seguridad lo vigilaba.

¿Nadie se percató que bajo la regadera del narcotraficante era construida una vía para que se escapara? “A las 20:52 horas del día de hoy (sábado 11), en el Sistema Permanente de Videovigilancia (…), se observó que Joaquín Guzmán Loera se aproximó al área de la regadera dentro de la estancia 20 del pasillo 2, donde habitualmente, además de su aseo personal, (los presos) lavan sus enseres. Al prolongarse la no visibilidad del interno, se ingresó a la celda, la cual se encontraba vacía (…)”, se informó.

Es comprensible que al hombre se le concedieran unos minutos de intimidad en el punto ciego de la cámara (la ducha y el retrete), pero, ¿no había inspecciones cotidianas? Una vez fugado El Chapo, lo que hallaron en su estancia fue “un hueco de 50 por 50 centímetros y 1.5 metros de profundidad”. Ese agujero desemboca a un conducto vertical de 10 metros de profundidad que, con “una escalera”, comunica con un túnel de 80 centímetros de ancho por 1.70 metros de alto (El Chapo mide poco menos de eso), un túnel con ventilación, alumbrado y una motocicleta montada sobre rieles que tiene más de mil 500 metros hasta una casa en construcción. Nadie vio, nadie escuchó nada.

Documento de la Secretaría de Seguridad Pública sobre ese penal: “El nivel de seguridad de este centro es máximo y existen sistemas y equipos electromecánicos y electrónicos como: circuito cerrado de televisión, control de accesos, alarmas, detectores de metal, drogas y explosivos, radiocomunicación, voz y datos, sensores de presencia, y telefonía, entre otros (…)”.

Pues no, todo eso no funcionó 504 días. El nivel de seguridad de la cárcel del Altiplano fue ridículo. El gobierno federal no utilizó sus poderes coercitivos para enfrentar adecuadamente la responsabilidad que tenía a cuestas cuando decidió mantener en México a El Chapo Guzmán, a pesar de que podía extraditarlo a la más rígida de las prisiones de Estados Unidos.

Como ocurrió cuando gobernaba Vicente Fox y el capo se escapó del penal (también de “máxima seguridad”) de Puente Grande, Jalisco, su fuga es un hecho que indigna, que consterna. Es una afrenta. Es, por la reincidencia, una burla al Estado mexicano, producto de actos de corrupción y decisiones negligentes.

Lo de la invisible, la insonora celda 20 del pasillo 2 de El Chapo Guzmán es, más que lamentable, algo imperdonable…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

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