Doble Fondo

Lo importante y lo periodístico en tiempos horribles…


En este oficio, ya se sabe: a veces lo más periodístico no es lo más importante; lo más importante no es lo más periodístico. Al observar las portadas de los diarios publicadas el viernes pasado me quedó claro que eso volvió a ocurrir el jueves, a raíz de la marcha del 20 de noviembre, realizada en protesta por la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa: la mayoría de los periódicos optó por destacar más la violencia de unos cientos (lo más periodístico) y no desplegar más la multitudinaria marcha pacífica (lo más importante).

Molesta, incluso enfurece, pero así debe ser. En cientos de ocasiones me ha tocado atestiguarlo y entenderlo durante 31 años de reporteo. Y cuando estuve al frente de un par de medios de comunicación, también lo viví muchísimas veces: ¿cómo concebir, diseñar e imprimir una primera plana el día que se enciman y opacan mutuamente lo importante y lo periodístico? No es sencillo decidir cuál de los dos asuntos debe ir como nota (o imagen) de ocho columnas, eso que ahora también se denomina la principal. La principal nota o información, que habitualmente es un texto, pero también puede ser una fotografía. En coyunturas así, siempre habrá quienes queden satisfechos (directivos y lectores), pero la otra mitad (también directivos y lectores) se sentirán inconformes, incómodos.

Una genialidad es lo único que puede hacer que se realice un trabajo impecable: dar el mismo espacio, destacar por igual tanto lo periodístico como lo importante, sin que se estorben ambos hechos, o que uno desplace a otro. Pero reitero: es complicadísimo. ¿Cómo poner en una misma cabeza de ocho columnas tanto lo más periodístico como lo más importante? Si se tienen dos pisos, dos líneas para construir el encabezado principal, ¿qué cosa debe ir primero? ¿Primero la justificada indignación de decenas de miles de ciudadanos, o primero las violentas provocaciones y el también, en varios momentos, violento desalojo? ¿Cuál foto debe ir más destacada: la de 80 mil personas marchando en paz con sus flores, globos, cartulinas, velas, carriolas; gente cantando, coreando, gritando, expulsando a los encapuchados de los contingentes, o la de los embozados, esos lumpen guerrilleros urbanos, lanzando cohetones, palos, tubos, monedas, botellas de cristal, piedras a militares, y los policías golpeando o deteniendo a quienes debían capturar, pero también a quienes no debían agredir?

Los dilemas que vivimos los periodistas estos días son un reflejo nítido de lo que ocurre en el país: todo está dividido, confrontado (obviamente que cuando cito a los periodistas, me refiero a quienes se circunscriben a hacer su trabajo, no a los chayoteados, ni a los maiceados, tampoco a los que confunden el activismo social con lo que debe ser la escueta labor reporteril). No hay medias tintas estos días porque los extremistas de uno y otro lado (algunos de los que están en el poder y algunos de los que están en las calles) pretenden lo mismo: borrar, desaparecer al otro.

El equilibrio que los periodistas logremos plasmar en nuestros medios en los próximos días, semanas y meses, sin ceder ante los extremistas, ante amagos de censura (de esos que desde las oficinas de gobierno invocan silencio en aras de “no incendiar México”), y ante amenazas (de esos que te advierten que “estás con el pueblo o con la narcotiranía del poder”, como si unas centenas de destrozatodo representaran a la sociedad); en la medida que podamos ser ecuánimes para informar lo periodístico sin opacar lo importante (o a la inversa), creo que le haremos bien a México en estos horribles tiempos que vivimos…

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