Doble Fondo

¿Cuántos heridos, cuántos muertos por votar?

Por decisión de los maestros de la Ceteg, de padres de los jóvenes de Ayotzinapa, de líderes estudiantiles de esa normal, de policías comunitarias y de agrupaciones que desde abril de 2013 conforman el Movimiento Popular de Guerrero (en cuyo seno hay organizaciones moderadas, pero también grupos radicales de corte guerrillero), en ese estado no habrá elecciones. Y nadie podrá impedir que sea de otra manera.

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, puede repetir mil veces que el gobierno federal garantizará que sí haya votaciones; el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, puede decir 300 veces que, si es necesario, recurrirán a las “instancias de seguridad”, pero nada detendrá la revuelta antielectoral en Guerrero. Los inconformes, con todo y sus ultras encapuchados, han elaborado un detallado plan de cómo impedir, cueste lo que cueste, que haya comicios.

Para empezar, cada vez que un candidato, del partido que sea, pretenda hacer un mitin, por ejemplo en Acapulco, Iguala o Chilpancingo, los inconformes lo van a impedir. ¿Alguien los va a intentar contener? ¿La policía estatal, la Policía Federal? Lo dudo. Pero supongamos que así ocurre, que se despliegan fuerzas policiales: ¿de qué tamaño serán los enfrentamientos y sus repercusiones? Los candidatos asumo que ya entendieron que eso de los mítines, al menos en este proceso electoral, es un recuerdo de otros tiempos.

El 7 de junio el Ejército podría garantizar la instalación de las urnas en escuelas (60% de están controladas por maestros), o en lugares alternos definidos por el INE, pero, ¿a qué costo? Los extremistas se desplazarán a esos lugares para impedir las votaciones. ¿Los soldados van a enfrentarse con furiosos manifestantes?

Y, ¿quién querrá acercarse a las casillas en medio de puñetazos, pedradas, palazos de ambos bandos? ¿Y si hay balazos?

Es terrible que el Estado mexicano no pueda hacer algo para impedir esto, pero, salvo que ocurra algo extraordinario, no habrá comicios en Guerrero. Y si los hay, en los días siguientes tendremos que contar, ¿cuántos heridos y muertos en cada bando? ¿Cuántos edificios quemados? ¿Cuántas urnas incendiadas? ¿Y cuántos ciudadanos, funcionarios de casilla, golpeados, secuestrados, heridos, asesinados? ¿Estaremos hablando entonces de las elecciones más violentas de México desde inicios del siglo pasado?

La pregunta pertinente ahora es: ¿en cuántos estados más ocurrirá lo mismo? ¿En Oaxaca? ¿En Michoacán? ¿En Chiapas? ¿O se nos avecina una sorpresa peor en el Estado de México, en el Distrito Federal y en algunos otros lugares?

En septiembre pasado, en Iguala, se jodió buena parte de todo…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

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