Doble Fondo

El general Cienfuegos, los perturbados y el miedo…

El viernes pasado, el secretario de la Defensa abordó el principal obstáculo que padece el país, además de la pobreza y la desigualdad:

—Existen también otros problemas que afectan a los mexicanos, originados por mentes perturbadas que pretenden lucrar con el miedo…

Esos perturbados que cita el general son los que asuelan porciones importantes de la República, como sucede en Michoacán, en Tamaulipas o en tantos municipios de tantas entidades donde hay, en pequeño, muestras cotidianas de un Estado fallido.

Esos perturbados son los impunes criminales que lucran con el terror de gente que se siente desvalida ante las amenazas consuetudinarias de esa gentuza, la cual obtiene recursos de extorsiones que nunca prosperarían si los ciudadanos se sintieran protegidos ante los embates de esos cobardes. ¿Hay delito más cobarde que secuestrar? Secuestrar a un niño, a un joven, a una jovencita, para exigirle dinero a un comerciante, a un abarrotero, a un restaurantero, ¿qué tiene eso de valiente? ¿Hay delito más cobarde que la extorsión? ¿Qué tiene de valiente cobrarle dinero a alguien por el trabajo que realiza en su tienda de ropa, en su consultorio? ¿Qué tiene de valiente, bajo la máxima criminal de “plata o plomo”, obligar a funcionarios a corromperse?

Son unos cobardes. A quienes no pueden defenderse los atacan con alevosía, con comandos armados con enormes fusiles o con pistolas puestas en manos de monstruosos sicarios solitarios. ¿Qué tiene de valiente levantar, torturar, mutilar y ejecutar a quien se atreve a denunciarlos o masacrar a un servidor que no acepta embutes? Cobardes, siempre contra los débiles, contra los desarmados. ¡Pero qué tal huyen cuando enfrentan el poder de fuego del Ejército y la Marina!

Agregó el general:

—En esta tarea (la de combatir a los criminales) el país siempre encontrará en nosotros voluntad y empeño para acotar estas acciones nocivas…

Qué bueno que soldados y marinos combatan a esa gente nefasta, como les llamó el general. Y qué bueno, porque, ¿sabe usted quiénes más también son unos cobardes? La mayoría de los gobiernos municipales y estatales en las zonas de guerra que simplemente no hacen algo, absolutamente nada más allá que dejarse corromper y observar.

El viernes me preguntaba mi colega Óscar Mario Beteta, en su programa de Radio Fórmula, que si no tengo miedo por los reportajes publicados donde han quedado evidenciadas las tropelías y redes de estos criminales. Sí, le contesté. Cuando se viaja a zonas conflictivas uno sabe que está expuesto a la violencia y se aprende a gobernar el miedo (los colegas que residen ahí viven en pánico), se aprende a surfear la adrenalina. Así es la guerra y uno ya sabe a qué va: a vivir en medio de la muerte, a repetir como mantra: “Todos vamos, todos regresamos”. La angustia mayor surge después, producto de la cobardía de tipos que no se tientan el corazón para salir de sus madrigueras a ejecutar cobardemente, porque ni siquiera tienen valor, como siglos atrás en los duelos, para que llegue un jefe solito y de frente a darse de chingadazos con uno, o a enfrentarse solo en un campo en igualdad de armas. Estos carecen de honor y códigos de guerra.

México necesita acabar ya con esta gente y su oprobiosa impunidad incubada durante tantos años, porque, como dijo el ex presidente de Colombia Álvaro Uribe en entrevista con mi compañero J. Jesús Rangel M. publicada este domingo, “sin seguridad… ninguna reforma dará resultado”. Y pues eso: sin paz, no hay paz…

@jpbecerraacosta