Doble Fondo

Si fracasan las "autodefensas", también Castillo y el Estado…

Sin éxito en unos y otros, la tragedia iría más allá del fracaso de la carrera política del comisionado  y quienes lo apoyaron: el pueblo michoacano habrá reeditado su desgracia, su infierno, aunque con distinto diablo.

Lo que ocurrió el sábado pasado en Tepalcatepec, que el primer contingente (150 efectivos) de autodefensas se haya reconvertido en la denominada Fuerza Rural Estatal (dependiente de la Secretaría de Seguridad Pública local), podría parecer un hecho sin trascendencia, pero quizá sea el principio de un cambio estructural en la sufrida zona de la Tierra Caliente de Michoacán: los civiles armados han iniciado su institucionalización. No había otro camino: era eso, o un enfrentamiento con las tropas del Estado que hubiera ocasionado un prolongado derramamiento de sangre, y quizá, al tiempo, un foco de insurgencia contra el gobierno federal.

Decía el comisionado Alfredo Castillo, luego de que los hombres y mujeres fueron juramentados, que la insurrección iniciada el año pasado en esta región implicó un movimiento social inédito en la historia de México, ya que se trató de un levantamiento que no surgió contra el Estado, sino para exigir la intervención de éste. Tiene razón: los calentanos no solo se sentían abandonados por sucesivos gobiernos estatales y federales, sino que estaban abandonados. Durante años y años padecieron el impune terror impuesto por el crimen organizado: extorsiones, secuestros, robos de propiedades, despojos de bienes, asesinatos, desapariciones, y violaciones de muchas de sus mujeres.

Nadie hacía nada. Nadie. El colmo ocurrió en abril de 2013, cuando los criminales se dieron el lujo de establecer, literalmente, un sitio de guerra contra los rebeldes, cuyas poblaciones (80 mil personas) carecían de gasolina, gas, suficientes alimentos y medicinas. Vaya, hasta los programas sociales fueron suspendidos durante semanas.

Hoy sabemos que la mayoría de las policías municipales estaban cooptadas, que la policía estatal había sido corrompida por la buena o por la mala (la ley de plata o plomo). Hoy sabemos de los presuntos nexos con los criminales de muchos gobernantes, de presidentes municipales como el de Apatzingán y el de Lázaro Cárdenas, y hasta del mismísimo ex gobernador Jesús Reyna. Aquí he publicado los testimonios de algunos ex alcaldes que narraban cómo todos tenían que acudir a los llamados de los líderes templarios. No había uno solo que osara negarse. En Michoacán, no es retórica, había un estado fallido.

Y como también aceptó Castillo, fue gracias al arrojo de esos ciudadanos armados que el Estado reaccionó e intervino para rescatarlos. El Estado, en ese sentido, sí se fortaleció porque rompió el cerco. Y ahora, crea una institución diseñada a la medida de esta gente, para que esos miles de pobladores no queden en la ilegalidad. Podría parecer un simple cambio de color en las camisetas, del blanco de los civiles armados al azul marino de la nueva corporación, un trivial cambio de letras en los uniformes —de “autodefensas” a “Fuerza Rural”—, pero lo deseable es que todo esto implique que ni un solo ciudadano va a volver a ser extorsionado ni aterrorizado por alguien, y que quien intente hacerlo, será de inmediato capturado por los hombres que el sábado estrenaron sus relucientes fusiles R15, quienes, ahora sí, serán apoyados por el Estado a través del Ejército, la Policía Federal y la PGR.

Si fracasan unos y otros, y se repite la historia, la tragedia irá más allá del fracaso de la carrera política de Castillo y quienes lo apoyaron: el pueblo michoacano habrá reeditado su desgracia, su infierno, aunque con distinto diablo. Ojalá que no…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

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