Doble Fondo

El ejemplo de ese impecable futbol alemán…

En 1986 me tocó cubrir a los alemanes durante más de un mes y aprendí a apreciar su disciplina y estética para jugar.

Una última columna futbolera sobre esta temporada mundialista…

Media hora antes de que iniciara la final del Mundial, puse en mi Facebook:

“Voy Alemania contra Argentina. Los alemanes interpretan un futbol eficiente, elegante y sobrio, pero que a la vez es divertido, el cual puede ser demoledor...”.

Luego redacté una pequeña narración de unas cuantas líneas que amplío aquí:

Desde el Mundial de 1986, cuando me tocó cubrirlos durante más de un mes en la sede mundialista de Querétaro, aprendí a apreciarles eso: su disciplina y estética para jugar futbol. Gracias a esa cobertura, los alemanes me llevaron hasta la final contra Argentina en el Estadio Azteca, ya que nuestro jefe de Deportes, el gran periodista Ramón Márquez, decidió que el reportero y el fotógrafo que cubrían un equipo tenían el derecho de llegar hasta donde éste arribara.

Los alemanes me caían mal debido a un estólido prejuicio que yo tenía, pero al paso de los días, al observarlos de cerca y escucharlos en su hotel, en la preciosa Hacienda Galindo en San Juan del Río; al caminar junto a ellos por pasillos, jardines, andadores de la alberca, campo de golf; al hacerles pequeñas entrevistas a solas que se denominaban chacaleos y que eran miniexclusivas (no como ahora que son pláticas tumultuarias), a las cuales accedieron con cortesía a pesar de que los abordaba fuera de horarios y lugares establecidos; al verlos entrenar con dedicación e ímpetu sin poses de estrellas (y vaya que lo eran); al convivir con ellos así como con estupendos periodistas alemanes y escuchar sus filosofías acerca de las sólidas estructuras deportivas con que contaban, valoré su mística como personas impecablemente organizadas que dividían adecuadamente el tiempo entre sus deberes y su ocio, su vida de placer, siempre con estándares de existencia envidiables.

Tenían un equipazo: jugadores como Littbarski, Rummenigge, Voeller, Berthold, Brehme, Briegel, Thon y el portero Schumacher. Y de entrenador, ahí gozaban ni más ni menos que de las sapiencias del gran Franz Beckenbauer, a quien en algún momento de su paso por México pude hacerle una larga entrevista exclusiva que siempre agradeceré, porque, gracias a sus generosas respuestas, fue uno de los trabajos más importantes en mi naciente carrera reporteril y en lo que vendría después.

Lo que más me gustó de ellos no solo fue la seriedad que le impregnaban a su trabajo, sino su sobria alegría para vivir sin ostentaciones innecesarias. Sin arrogancias: ellos simplemente andaban por la vida con paso firme y templado debido a la seguridad que les daba el respaldo de años y años de trabajo y dedicación. No eran producto de ocurrencias e improvisaciones, sino de eficaces estructuras institucionales.

Perdieron la final con Maradona, Valdano, Burruchaga y compañía, pero detrás de ellos ya tenían dos campeonatos mundiales, dos subcampeonatos (el tercero fue el del 86), y tres semifinales. Luego vendrían dos campeonatos más, contando el de este domingo, un subcampeonato y dos semifinales. Alemania, en futbol, es el ejemplo a seguir si lo que se busca no solo es la belleza y la magia del arte futbolístico ofensivo y letal, dotado de gran técnica e inteligentes estrategias, sino de cimientos institucionales que den esos resultados.

Podrían los señores mexicanos de pantalón largo ver hacia allá a fin de que aprendan, pero claro, también pueden seguir privilegiando su codicia monetaria y su mediocridad. Sus ocurrencias e improvisaciones. En todo caso, hermosa la historia del futbol alemán y de sus elocuentes futbolistas…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

http://twitter.com/jpbecerraacosta