Doble Fondo

2017: que no haya más desapariciones y ejecutados…

Este año que inicia ojalá que no haya más levantados. Ojalá que no haya más desaparecidos. Ojalá que no haya más fosas clandestinas. Ojalá que no haya más ejecutados

Entiendo que es un deseo. Un deseo que no tiene asidero. Reviso un reporte que publicó en la edición de este domingo mi compañero Rubén Mosso acerca de esa otra herencia del gobierno de Javier Duarte, la de los desaparecidos en Veracruz, y de inmediato vuelvo a la realidad: durante la gestión del priista se reportó la desaparición de 920 personas. En 444 casos la PGR inició averiguaciones previas. El resto se quedó en el ámbito local.

Conforme se acercaba el final del gobierno de ese hombre, las cosas empeoraban: de 2014 a 2016 se registró el mayor número de personas desaparecidas, cuyos casos fueron asentados en averiguaciones previas federales: 356 asuntos. Además de los veracruzanos, no pocos funcionarios del gobierno federal sabían lo que ocurría en esa entidad. Nadie hizo nada.

He procurado no referirme nunca a los desaparecidos o muertos de Zedillo, de Fox, de Calderón, o de Peña Nieto. Imputarles a ellos la carnicería es una mentira, por no decir que es una estulticia. Lo mismo aplico para los estados: no puedo hablar de los muertos de Duarte y del otro Duarte (Chihuahua), o los desaparecidos de los gobernadores y ex gobernadores de Morelos, Guerrero, Tamaulipas, Sinaloa, etcétera. Tomo los datos de Mosso: la PGR investiga en Veracruz la desaparición forzada de siete personas en cuyos casos personal del Ejército y la Marina es señalado como presunto responsable. Siete de más de 900 casos.

La gran mayoría de las desapariciones tienen origen en las disputas entre cárteles y entre tentáculos locales de éstos. También se explica la violencia por el sometimiento de la gente común a manos de criminales que operan en municipios y regiones enteras, donde secuestran, extorsionan y reclutan de manera forzada a jóvenes.

Es la negligencia, la incapacidad y la ineficacia lo que sí podemos imputarles a todos los gobernantes en los tres órdenes administrativos: si no garantizan la seguridad de los ciudadanos, si no tienen habilidades suficientes para acabar con la impunidad de los delincuentes, entonces no se extrañen y no enfurezcan cuando les espeten que los desaparecidos son sus desaparecidos. Que los muertos son sus muertos.

Que yo sepa ningún gobernante ordenó levantar y desaparecer a más de 27 mil personas en todo el país (o asesinar a casi 11 mil en 2016: el peor año del sexenio en materia de homicidios atribuibles a la guerra entre narcos y contra el crimen organizado, como documentan en la edición de este lunes mis compañeros reporteros Mariana Hernández, Nancy Gutiérrez y Rafael López), pero sí es por su omisión para cumplir con sus obligaciones de Estado que… sí son sus desaparecidos, sus muertos.

Asumo que no entienden esto, pero así es. Y el que no entiendan que no entienden, eso no los exime de sus responsabilidades…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx
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