Doble Fondo

Es la pinche corrupción…

Tal vez la mayoría de los lectores no lo sepan, por ser jóvenes. Los más grandes seguramente lo recuerdan: el símbolo del oprobio, de la corrupción más impúdica del sistema político mexicano a principios de los años 80, se llamó El Partenón. No, no era un antro. Tampoco un restaurante. Fue el palacete que se mandó a construir en la punta de un cerro, en la bahía de Zihuatanejo, a la vista de todos, quien fue jefe policial de la entonces regencia del Distrito Federal durante el sexenio de José López Portillo: Arturo Durazo Moreno.

El caballero fue pillado por ciudadanos y algunos medios de comunicación al final del sexenio, porque no había manera de esconder semejante esperpento arquitectónico. Imagine usted la escena hoy día: el jefe policial consentido del Presidente… se hace un Partenón, algo horrendo, aparentemente inspirado en el templo de Atenea, en la Acrópolis griega.

Independientemente de si ahí se hacían o no los fiestones privados de los que se hablaba a la sazón, ¿dónde se habrá visto semejante desmesura? Reitero a los más jóvenes lectores: por favor imaginen que un jefe policial de nuestros días, el que ustedes elijan, cualquiera que esté en activo hoy,  se edificara en 20 mil metros cuadrados, en lo más alto de un cerro de Zihuatanejo, frente de la agradable bahía de La Ropa, una cosa así de ostentosa y naca, con un costo de 700 millones de pesos.

Más adelante, en el sexenio de Miguel de la Madrid, el sujeto fue capturado por acopio de armas, fraude, evasión fiscal y contrabando, pero el problema en nuestro país ha sido la normalización de la corrupción. El ver como normal la corrupción, con frases como “no importa que robe pero que salpique”, “el que no tranza no avanza”.

Esto, el ver como algo común y socialmente aceptable la corrupción, es lo que fomentó, en parte, la impunidad durante décadas. Ahí está la frase reciente del Presidente de que el que esté libre de culpa aviente la primera piedra. Sí, es un problema social, al año hay 200 millones de pequeños actos de corrupción, según estima el Imco, pero esto vino de arriba hacia abajo: independientemente de que millones de ciudadanos caigan en transas, ha sido la clase política la que ha permitido que muchos de sus miembros desvíen recursos o los roben sin problema alguno.

Este es un problema estimado en hasta 1.5 billones de pesos por el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, y hasta 2% del PIB según el Banco Mundial. El Inegi calculó el asunto en 6 mil 418 millones de pesos, nada más en los concerniente a los pequeños y medianos trámites (Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2015).

La pinche corrupción es el tema de hoy en México, como antes lo fueron los fraudes electorales. Y hay que exhibirla, combatirla y desterrarla…

pbecerracostam@prodigy.net.mx

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