Doble Fondo

El combate a la pobreza, un fracaso rotundo…

Ojalá que en 2018 sepamos que millones de mexicanos han dejado de ser pobres una vez que se hayan incorporado a la vida productiva en sus regiones con todas las prestaciones y servicios que merecen.

En marzo del año pasado, hace casi un año y medio, la Secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, me dio copia de gráficas desalentadoras, ya que ilustraban el fracaso de las políticas públicas para combatir la pobreza y la miseria en el país a lo largo de tres décadas. En 1983, se apreciaba en una de las ilustraciones, 53% de la población era pobre. Treinta años después, la línea permanecía prácticamente igual: 51.3% de los mexicanos… seguía siendo pobre. Ningún avance considerable: al final de cinco sexenios —¡cinco sexenios!— la disminución de la pobreza fue pírrica: de 1.7 puntos porcentuales.

Nada de lo que hicieron los presidentes José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo (del PRI), Vicente Fox y Felipe Calderón (del PAN), con todo y sus brillantes colaboradores, ya fueran populistas o tecnócratas, modificó decisivamente el porcentaje de mexicanos sumido en la pobreza: pasaron tres décadas y al final cinco de cada diez mexicanos subsisten en la pobreza.

No ha habido una sola política de Estado que haya podido revertir esta situación. Ni una. Ha habido programas asistencialistas que han contenido el problema, que han evitado que se agrave (salvo en el terrorífico sexenio de Zedillo, durante el cual el problema llegó a afectar hasta el 69% de la población), pero jamás se han diseñado estrategias perdurables que hayan logrado que disminuya significativamente (en el gobierno de Fox descendió a 42%, pero esto se debió a medidas coyunturales sin cimientos sólidos, lo cual provocó que poco tiempo después el asunto rebotara). En síntesis, todos los presidentes mexicanos, de López Portillo para acá, con todos y sus excelsos miembros de gabinete, han sido un fracaso en el combate a la pobreza.

Y si hablamos de los miserables, de aquellos que padecen lo que eufemísticamente se denomina “pobreza alimentaria”, que no es otra cosa que sobrevivir cada día muriendo de hambre, el asunto tampoco se ha solucionado: en 1983, 22.5% de la población estaba en esta situación, y treinta años después, el porcentaje era de 18.8%, una disminución de apenas 3.7 puntos porcentuales.

Hay que esperar las cifras del Coneval que se darán a conocer en 2015, las cuales detallarán la situación de la pobreza de este año, en lo que va del sexenio, pero la súbita aparición de Prospera hace prever que no serán datos halagüeños. Este nuevo programa pretende que ya no haya una política de contención de la pobreza, sino de superación de ésta a través de proyectos productivos regionales y municipales. Ya lo adelantaba el Presidente de la República hace unos días, el jueves pasado: “(…) Oportunidades (…) presenta evidentes limitaciones. Hay que admitir que no ha sido suficiente el programa y corregir lo que impide asegurar que los beneficiarios tengan mejores condiciones de vida”.

Esperemos que, ahora sí, no se trate de nada más de un nuevo nombre, de otro invento cosmético, y que Prospera posibilite que haya un cambio profundo en la disminución de estos lastres, porque este gobierno, como todos sus antecesores, ha roto récords en gastos en la materia (más de 747 mil millones de pesos en dos años), pero no ha logrado nada que implique una modificación estructural. Nada.

Así que ojalá que en 2018 sepamos que millones de mexicanos han dejado de ser pobres una vez que se hayan incorporado a la vida productiva en sus regiones con todas las prestaciones y servicios dignos que merecen. Ojalá que no tengamos que volver a hablar de la misma y fracasada historia. Ojalá…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

http://twitter.com/jpbecerraacosta