Doble Fondo

Fue la corrupción interminable... (columna Anuario 2016)

En 2016 se exhibieron los excesos de los Duarte, los Padrés y los Borge, lo que permitió llevar la corrupción a la agenda política nacional. 


Sí, aumentó de nuevo la violencia, se vivieron los peores meses de ejecuciones en el actual sexenio (y en el de los gobernadores, que en su mayoría hacen poco o nada para asumir su responsabilidad de brindar seguridad a los ciudadanos); sí, la CNDH nos confirmó el desastre de Tanhuato, las historias de desapariciones no cesaron, descubrimos nuevos horrores y sufrimientos en varios puntos de la república, y los secuestros siguieron siendo un infame flagelo; sí, hubo dramáticos momentos de convulsión social, como en el caso de Nochixtlán, y las redes sociales evidenciaron su gen sicario con linchamientos masivos como el de #LadyCoralina, pero creo que fue el año de la corrupción.

No es que el 2016 haya sido el año con más actos de corrupción, pero sí fueron doce meses durante los cuales varios casos de corrupción, sobre todo los de la aristocracia política nacional, fueron expuestos de manera rotunda. Y eso es sano porque indignó a millones de mexicanos.

No había un lugar -una tertulia, una cena- en la cual, tarde o temprano, no se hablara de la impudicia y los excesos de los Duarte, de los Padrés, de los Borge y demás especímenes. En esas charlas y discusiones -catarsis colectivas- no había manera de ponerse zen, de gobernar magistralmente las emociones para no sentir nada: el enojo, la vergüenza, la ira, el hartazgo, o hasta las náuseas brotaban en algún momento.

La precisión con que fueron exhibidos los excesos de Javier Duarte en Veracruz, de César Duarte en Chihuahua, de Guillermo Padrés en Sonora, de Roberto Borge en Quintana Roo, todo eso fue bueno para el país: nos despertó la gula por la rendición de cuentas y la transparencia.

Sí resultó lamentable observar estados que quedaron endeudados porque el dinero de sus arcas fue desviado o desaparecido, mientras ellos, los virreyes locales, se enriquecían ostentosamente y compraban propiedades de sultanes nacos en una bacanal crematística sin moderación, pero me parece que fue un doloroso momento de vergüenza nacional necesario para que la dilapidación de recursos termine de una vez.

Se les acabó, patanes. Podrá haber muchos funcionarios impunes todavía, no pocos se saldrán con la suya bajo el lema de que “el que no tranza no avanza”, o perorando el adagio político de que “moral es un árbol que da moras”, pero ahora ya saben que cualquiera, quien sea, puede ser pillado, y qué bueno que esto no solo ocurra gracias a la Auditoría Superior de la Federación y a las herramientas de transparencia con las que ya contamos, sino a los trabajos periodísticos. Es una gran noticia.

Hace décadas la agenda política de los mexicanos estaba centrada en que se contaran los votos, en que ya no hubiera fraudes electorales -recurrentes en cada elección-, hasta que la gente se hartó y echó al PRI fuera de Los Pinos a punta de votos. Ahora la agenda es la corrupción. Y si los políticos y gobernantes no entienden eso, van a acabar mal: prófugos, encarcelados, repudiados, exhibidos.

Y claro, sus partidos terminarán alejados del poder, que no es otra cosa para ellos, los vividores del erario, que una tragedia: el error de quedar fuera del presupuesto.

Muchos mexicanos dieron en 2016 un escarmiento a varios gobernantes codiciosos. La corrupción ya no quedó impune, al menos no electoralmente (lo de los juzgados es otra cosa, gracias a los expedientes mal hechos y los subterfugios de abogangsters): buena parte de los partidos cuyos gobernadores no tenían sus declaraciones #3de3 perdieron.

En Aguascalientes perdió el PRI y ganó el PAN que eligió un candidato con su #3de3. En Chihuahua, lo mismo: perdió el PRI y ganó el PAN. En Durango pasó igual: el PRI perdió con una alianza PAN-PRD cuyo candidato sí tuvo su #3de3. En Oaxaca el gobernador de Movimiento Ciudadano, PRD y PAN perdió con el PRI. En Quintana Roo el gobernador priista no hizo sus declaraciones y el candidato ganador del PRD-PAN, sí.

En Sinaloa el gobernador de PAN-PRD vio ganar al candidato ganador del PRI que sí entregó su #3de3, la misma que él no tenía. En Veracruz perdió el PRI ante un candidato polémico y con acusaciones graves encima, pero que sí tuvo su #3de3, a diferencia del impresentable gobernador en turno. Siete de 12 casos.

En 2017 todos quienes no sean corruptos deben levantar la copa, brindar, bailar y sonreír por lo ocurrido en 2016: vamos en el camino correcto para liquidar la abominable corrupción que había sido interminable durante tantas décadas... 


@jpbecerraacosta