Doble Fondo

El Tri futbolero, un "vocho" contra puro Aston Martin…

Suerte chavos de la selección. Yo, de todas formas, voy a gozar varios partidos que prometen tener arte. Arte futbolístico…

Según yo, la frase es de la autoría del ex futbolista argentino Jorge Valdano, el gran Jorge Valdano, y es bastante conocida:

“De todas las cosas sin importancia, el fútbol es la más importante”.

Hay quien dice que quien la pronunció fue Arrigo Sacchi, el muy buen entrenador italiano de aquel estupendo equipo Milán de los años 80, quien habría dicho:

“El futbol es la cosa más importante entre las cosas menos importantes”.

Da igual quién haya sido el autor original. Tiene razón. Eso es el futbol. Sí, el Mundial es un gran negocio en el cual quienes más ganan son unas cuantas empresas. Sí, hay corrupción en la FIFA. Sí, el futbol es el opio del pueblo. Sí, lo que usted quiera, pero la frase es exacta: ilustra la pasión que solo el futbol despierta entre tantos millones de seres en el mundo. En áreas de África. En Europa, donde el futbol es casi religión, tanto en las ligas locales, como en la maravillosa Champions League, que es el torneo en el que se juega el mejor futbol del mundo, con atletas de casi todos los países del orbe que son futboleros. En América del Sur ni se diga: Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y Perú.

Solo quien ha vociferado mentadas de madre hasta quedar afónico; solo quien ha coreado un gol y ha reído hasta el dolor de panza, o quien ha llorado en un estadio, entiende esta locura que nace en la niñez de las cascaritas.

En México la afición futbolera es de las más estoicas que he visto. De las más sufridas. Es ilusa. Ciega. Su religiosidad futbolística carece del menor sustento: no tiene santos a quienes encomendarse. Aquí no tenemos un San Pelé, San Dirceu, San Tostao; un San Maradona, San Kempes, San Valdano; un San Platini, San Zidane; un San Cruyff, San Neeskens; un San Di Stefano; un San Beckenbauer, San Müller; ni tampoco un San Gigi Riva, San Boninsegna, San Gianni Rivera, San Facchetti. Acaso pudimos haber tenido a un San Pichichi Sánchez, pero en los mundiales no hizo gran cosa.

En México se aplica muy bien esa frase que, se afirma, es anónima: “El futbol es la única religión que no tiene ateos”. Eso es México, el país que tiene una religión futbolera que cada cuatro años, en el fondo de su alma, está segura de que, previos rezos a quién sabe quién, “ahora sí la hacemos”. Y lo peor: ese “ahora sí”… ni siquiera es para ganar el Mundial. Es para jugar cinco partidos, para llegar a cuartos de final, cosa que, por cierto, ya sucedió en dos ocasiones, ambas en mundiales jugados en nuestro país (1970 y 1986).

Si la selección nacional juega como hemos visto que juega, le va a ir muy mal. Perderá 1-3 con Camerún, 1-4 con Brasil, 1-3 con Croacia. Si juega como lo hizo un ratito con Portugal y mete goles, como logró contra Ecuador, tal vez pase la primera fase: ganará a los africanos y acaso a los europeos. Y ya. Es un asunto de rendimiento: el vocho mexicano que hoy tenemos no tiene capacidad para competir con el Aston Martin Vanquish de las grandes selecciones. A menos que estos chavos y no tan chavos, enloquezcan. Que enloquezcan en el sentido virtuoso, creativo, y que cada partido lo jueguen como si fuera una final en la que no tienen nada que perder y mucho que divertirse.

“El futbol me recuerda viejos e intensos amores, porque en ningún otro lugar como en el estadio se puede querer u odiar tanto a alguien”, dicen que dijo Françoise Sagan, escritora francesa. Esa es la tremenda pasión del futbol. Me quedo con eso. Y suerte, suerte chavos de la selección. Yo, de todas formas, voy a gozar varios partidos que prometen tener arte. Arte futbolístico…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx
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