Doble Fondo

Tamaulipas no es Michoacán: seguirá corriendo sangre…

A ver si el gobierno federal va pensando ya en una estrategia integral para el estado. Y pronto, porque, como habrán visto en las últimas semanas, la sangre tamaulipeca sigue corriendo.

Tengo emociones intensas por Tamaulipas: llevo su sangre. Mi bisabuelo paterno, Luciano, militar de carrera, nació ahí, en Tampico. Es una tierra que quiero. He ido varias veces en los últimos años a reportear allá. No percibo mejoría alguna. Por momentos se calman las masacres, las balaceras, los levantones, los secuestros, las extorsiones, pero eso solo ocurre en ese mundo idílico de los discursos de los funcionarios de los gobiernos del área (de gobernadores y alcaldes para abajo en el escalafón), como si el pavor en el que viven los ciudadanos y la impunidad con la que operan los criminales pudiera desaparecer gracias a su retórica política que lleva décadas.

A principios de marzo de 2013, mis jefes y yo pretendimos que fuera a la zona para que elaborara un reportaje. La gente que iba a entrevistar se negó, rogó que no viajara hacia allá, no por la seguridad de mis compañeros de trabajo y la mía, sino porque temían por su vidas. Y tenían razón: hartos de los abusos y la indemnidad de los delincuentes, habían creado en Facebook y en Twitter una página y una cuenta que llamaron Valor por Tamaulipas, a través de las cuales informaban (e informan) sobre situaciones de riesgo para la población: balaceras, retenes delincuenciales, desapariciones, extorsiones, movimientos de los cárteles, así como actos de omisión, complicidad y corrupción de autoridades.

Su osadía les costó: estuvieron a punto de cerrar su página y su cuenta porque los narcos y sus adláteres pusieron precio a sus cabezas. Y no solo eso: como lo publiqué en aquel reportaje, amedrentaron a la gente que, con sus denuncias, se atrevió a enfrentarlos: algunos sicarios hicieron un video y lo subieron a internet para aterrorizar a los ciudadanos que participaran en Valor por Tamaulipas. En ese material se aparenta la ejecución de un tamaulipeco. O se le ejecuta. No lo pudimos saber con certeza, pero es estremecedor.

La única forma de hacer una entrevista en vivo a la sazón fue grabarla vía chat por Facebook. Uno de los administradores de la página sintetizó así lo que padecen allá:

—En Tamaulipas se corre riesgo simplemente por estar y vivir aquí…

Sobre la posibilidad de crear autodefensas, señaló:

—Es difícil que en Tamaulipas pueda funcionar. Vivimos en la precaución, en la prudencia a la máxima expresión. ¿Contra quién pelearíamos? Llega un punto en el que no sabemos si nuestro propio vecino es parte del crimen organizado, o si conoce a alguien que puede delatarnos. ¿Y con qué luchamos contra los criminales? Tienen armamento pesado, en número son muchos, demasiados…

—¿Qué les queda entonces?

—Le respondo con honestidad: no sé… Rezar, siempre lo hago. Tamaulipas por algo se llama así (en huasteco): “Lugar donde se reza mucho”, Tamholipa

Fui hace semanas a hacer otro reportaje y encontré puras historias de horror, de miedo, de abandono. De silencio. Y me quedó clarísimo que Tamaulipas no es Michoacán: es una zona de disputa entre dos cárteles, el de Los Zetas y el del Golfo, y los ciudadanos (empresarios, comerciantes, productores, cualquiera) yacen ahí, en medio, a merced de lo que se les dé la gana a estos delincuentes.

A ver, a ver si el gobierno federal va pensando ya en una estrategia integral para el estado más allá de las simulaciones que percibo en los gobiernos locales. Y pronto, porque, como habrán visto en las últimas semanas y días, la sangre tamaulipeca sigue corriendo. Y seguirá derramándose…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

http://twitter.com/jpbecerraacosta