Doble Fondo

Sierra 'narca': son remachos y quieren ser bien malos…

Desayunan una Tecate. Cada uno su lata. Son las siete de la mañana en los linderos de Durango y Sinaloa. Este par —un joven veinteañero y un hombre de treinta y tantos años— ya pistea sus chelas bien heladas a un grado centígrado. Recién las han adquirido en uno de los múltiples depósitos que hay en el Pueblo Mágico de Cosalá, Sinaloa. Eso sí, son de las blanquiazules Tecate Light (4% de alcohol), no de las rojas (4.5% de alcohol), porque vamos hacia la sierra duranguense y en el andar, veredas y más veredas de camino estrecho, empinado, resbaloso y destrozado, hay retenes de la Marina. Y con los marinos, ya lo saben, no se juega.

Ambos creen, o simulan creer, que las rojas son fuertes y que las otras no, aunque la diferencia de 0.5% de alcohol sea un asunto de placebo. Las rojas los emborrachan, las blanquiazules no. De hecho, ellos nomás chupan de las rojas, para hombres, porque las light son para las viejas. Solo que ahorita quieren andar en sus cinco sentidos. Nomás una blanquiazul cada quien bebidas de cuatro tragos porque los 23 grados centígrados de la mañana calientan las cervezas de inmediato y saben a meados. Succionan su brebaje mañanero y lanzan las latas a la maleza por las ventanas de la camioneta. El chavo que conduce la troca Ford 4x4 doble cabina hace rato que ya arrancó la bestia motorizada para enfilarnos a la remotísima sierra duranguense, donde anda huyendo Joaquín El Chapo Guzmán.

Desde Cosalá son cuatro horas de brincos, tumbos, de subir y bajar laderas y cruzar ríos y riachuelos a dos ritmos que emanan de un usb conectado en el aparato musical del vehículo. Una selección elocuente de lo que les gusta. El primer ritmo son rolas norteñas, gruperas, de viejas, de puros amores y desamores que acaban a punta de insultos implícitos. Las mujeres son bellas, irresistibles, pero son unas perras que solo se utilizan y se botan porque siempre abandonan a los batos por alguien más cabrón. Y aquí siempre hay alguien más cabrón, aunque acabe siendo acribillado por otro cabrón más cabrón. En su lírica el despechado hace trizas a la casquivana, maldita malagradecida y fácil. Horas después, el macho es macho de cultura: llegamos a El Verano, uno de los dos micropoblados con 16 casas de donde la gente huyó por las corretizas que se traen entre marinos y delincuentes. En la troca y en su caja trasera íbamos cinco periodistas, dos mujeres, un anciano y los dos hombres. ¿Va a creer usted que el hombre ayudó a las viejas a sacar algún enser para cargarlo por cuestas y treparlo a la troca? Nada. Él nada más miraba. Las viejas son mulas para cargar cosas. Él se pule el bigotito. Él revisa sus fotos, que los marinos no se hayan llevado sus fotos donde aparece envalentonado con sus ropajes narcostyle, esas polo con caballo y jinete enormes en el pecho que La Barbie inmortalizó como un símbolo de identidad que penetró hasta acá, hasta la punta de
la sierra de sembradíos de mariguana y amapola, de laboratorios para cocinar el líquido del opio y la heroína o para preparar las anfetaminas que les encantan a los gabachos.

El otro ritmo, el del regreso, ya lo sabe usted: todos los corridos de El Chapo, El Mayo y sus retoños, los narcosjuniors. Todos los corridos de los Beltrán Leyva, los Lazca, los Mochomo y otros que vaya usted a saber quiénes son porque en las listas de los más buscados ni siquiera se han enterado que existen. Parque, fusiles, coches, trocas, ranchos, balaceras, mujeres, joyas, billetes, oro de la raza buena contra los malos, los guachos, marinos y federales.

Y hay quienes creen que esto se va a arreglar nomás así con la legalización de las drogas. Ajá. No entienden que no entienden. Esto va a costar, ¿cuántos años? Cuántos años para descifrar cómo demonios cambiamos esta cultura plenamente arraigada ya en tres generaciones: desde abuelos hasta nietos de hoy. Así de jodido...

jpbecerracostam@prodigy.net.mx
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