Doble Fondo

'Mirreyes' políticos, no entienden que no entienden…

El pantano mexicano", tradujeron algunos. "El lodazal mexicano" me pareció una traducción más certera de la frase The mexican morass, ya que se trataba de escándalos de corrupción. Era el 24 de junio de 2015. El semanario The Economist cabeceaba así una nota sobre la casa blanca de Angélica Rivera, esposa del presidente Enrique Peña Nieto, y de la casa de Malinalco del secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

Se trataba de aquellos conflictos de intereses con un privilegiado contratista de obra pública, Armando Hinojosa, cabeza visible de la célebre empresa Higa que, a pesar del cenagal, continuó con sus negocios. Por ejemplo, con el contrato, a través de una filial, Concretos y Obra Civil del Pacífico, del nuevo hangar para el avión presidencial recién adquirido, una obra que se planeó para 30 años, pero que solo funcionará... cinco (el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México operará a partir de 2020). La obra costó... casi mil millones de pesos (977), de acuerdo con los datos publicados hace algunas semanas por Galia García Palafox y Alejandro Domínguez.

En calidad de subtítulo, sobre aquel reporte, The Economist escogió:

"A president who doesn't get that he doesn't get it".

"Un presidente que no entiende que no entiende". Era un parafraseo de una oración que apareció casi al final de la nota en la cual un ex funcionario, al referirse a los embrollos de corrupción y de conflicto de intereses de la élite gobernante, decía: "They don't get that they don't get it". No entienden que no entienden.

No, ahí está lo de la obra del hangar: no entienden. No entendieron, a pesar de que la aprobación del Presidente está por los suelos. Antes de la llegada del papa a México, 73 por ciento de los mexicanos estaba en desacuerdo con la manera en que está gobernando Peña Nieto, según la medición de la primera semana de enero de BGC (Ulises Beltrán). Es el peor nivel en todo el sexenio.

Y si los mirreyes políticos en la cúspide del poder no entienden que no entienden, si les da lo mismo, si les importa un comino, a sus subordinados, a sus mirreycitos, también, como pudimos constatar en el reciente reporte de Elinor Comlay para Reuters: empleados de la Secretaría de la Función Pública (sí, la encargada de combatir la corrupción, la de Virgilio Andrade) gastan, por ejemplo en cenas y comidas ostentosas, así: una funcionaria disfrutó de una cena con champán, caviar y salmón ahumado en uno de los restaurantes de Harrods durante su estancia en Londres. Y cómo no, si tenía 450 dólares (más de 8 mil pesos) de viáticos... por día.

"We don't have the luxury and privilege to eat in Harrods every day", se justificó la funcionaria. Uno no tiene el lujo y el privilegio de comer en Harrods todos los días. Le digo: estos mirreyes políticos no entienden que no entienden: les vale madres...

jpbecerracostam@prodigy.net.mx
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