Doble Fondo

Excomulgar a los canallas mexicanos…

El 21 de junio de 2014, el reportero Pablo Ordaz, del diario español El País, viajó a Cassano allo Jonio, en la provincia de Cosenza, en Calabria, Italia, para acompañar al Papa. Esto es lo que reportó en el primer párrafo de su estupenda crónica:

“El papa Francisco, delante de decenas de miles de vecinos de Calabria, la tierra de la Ndrangheta, el lugar donde el pasado mes de enero Cocò (Nicola Campolongo), un niño de tres años, fue asesinado y carbonizado junto a su abuelo durante la escenificación macabra de un ajuste de cuentas, dio un paso más en su oposición frontal a la mafia. ‘La Ndrangheta’, dijo ayer Jorge Mario Bergoglio llamando al veneno por su nombre, es la adoración del mal, el desprecio del bien común. Tiene que ser combatida, alejada. Nos lo piden nuestros hijos, nuestros jóvenes. Y la Iglesia tiene que ayudar. ‘Los mafiosos no están en comunión con Dios. Están excomulgados’. Una gran ovación rompió el silencio de una tierra acostumbrada a callar”.

Algunos jerarcas de la Iglesia católica de nuestro país, si bien no han excomulgado a los canallas, sí los han denunciado. Y a las autoridades cómplices, también. Por ejemplo, el 15 de octubre de 2013 el obispo de la Diócesis de Apatzingán, Miguel Patiño Velázquez, redactó una carta pastoral que le costó serias amenazas. Escribió:

“Los grupos criminales: Familia Michoacana, Zetas, Nueva Generación y Caballeros templarios, principalmente, se disputan Michoacán como si fuera un botín. La Costa: para la entrada de la droga y los insumos para la producción de las drogas sintéticas; la Sierra Madre del Sur y la zona aguacatera: para el cultivo de mariguana y amapola, el establecimiento de laboratorios para la producción de drogas sintéticas y refugio de los grupos criminales. Las ciudades más importantes y todo el estado: para el trasiego y comercio de la droga, ‘venta de seguridad’ (cuotas), secuestros, robos y toda clase de extorsión. (…) Han aumentado los levantones, los secuestros, los asesinatos, el cobro de cuotas se ha generalizado y familias enteras han tenido que emigrar por el miedo y la inseguridad que se está viviendo. Los gobiernos municipales y la policía están sometidos o coludidos con los criminales y cada vez más crece el rumor que el gobierno estatal también está al servicio del crimen organizado (como finalmente se comprobó, añado yo)”.

Quien ha estado en peligrosas zonas de conflicto sabe que se requiere de mucha valentía para hacer una denuncia de este calibre, pero como apuntó en estas páginas Héctor Aguilar Camín, le falta a la jerarquía católica mexicana dar el siguiente paso: excomulgar a los desgraciados. Eso puede ayudar para que la sociedad empiece a perder el miedo y retire su apoyo a los criminales, a quienes ha solapado en sus pueblos y regiones bajo lo que se denomina “base social” del narco

 

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