Doble Fondo

No fue el Ejército, pero tampoco lo impidió…

En cuanto llegué a Guerrero, después de que habían ocurrido las barbaridades de septiembre pasado, uno de los primeros temas que empecé a reportear poco a poco fue el de la participación de soldados del 27 Batallón de Infantería del Ejército, cuyo cuartel está en Iguala.

Estaba muy reciente el caso Tlatlaya. Y en Tlatlaya, con la ayuda y persistencia de mi colega Carlos Puig (él indagó primero que nadie), lo que habíamos encontrado eran evidencias y testimonios de que algunos soldados habían ejecutado en una bodega a miembros de un grupo criminal armado, a pesar de que éstos ya se habían rendido. Tanto los detalles acerca de los peligrosos delincuentes (es zona de narcos, secuestradores y extorsionadores), como los indicios de los excesos cometidos por algunos soldados, todo lo publicamos tal cual.

Así que, al arribar a Iguala, además de trabajar algunos asuntos que se publicarían en las semanas por venir, empecé a reportear lo que habían hecho soldados del 27 Batallón de Infantería. En Iguala hablé con empresarios, comerciantes, funcionarios, policías estatales y municipales, médicos, enfermeras, hoteleros, restauranteros, periodistas, taxistas, estudiantes, soldados y simples ciudadanos. Y nada. Nadie, absolutamente nadie proporcionó el más mínimo dato que permitiera concluir (o al menos empezar a sospechar) que algún militar había participado en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Ni siquiera en su detención.

Lo que se pudo comprobar sobre el papel del Ejército —gran mérito del reporteo de Carlos Marín—, detallado en un texto que se publicó el lunes pasado (http://www.milenio.com/politica/Ejercito_en_Iguala-estudiantes_de_Ayotzinapa-contacto_de_Ejercito_con_normalistas_0_452954727.html), permite concluir lo ya dicho: que nada tuvo que ver. Pero también quedó claro (como había quedado plasmado en el caso Tlatlaya que los soldados justicieros fueron encubiertos durante meses) que los miembros de ese batallón sí sabían lo que estaba ocurriendo en las calles de Iguala y no intervinieron.

Invocan los artículos 21 y 115 constitucionales: estaban impedidos para intervenir en las balaceras (de haberlo hecho se tenían que haber colocado al lado de la autoridad constitucionalmente establecida). Cierto. Así que salieron a las calles minutos después de las agresiones, pero queda la impresión de que algo pudieron haber hecho junto a la Policía Federal: quizá, en cuanto silbaban las balas, bloquear de inmediato todas las salidas de Iguala.

En fin, sigue siendo un caso horrendo el de los miserables criminales que mataron despiadadamente a los jóvenes…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

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