Doble Fondo

Cuidado con que estalle Michoacán, otra vez…

Le gente que se comunica se queja, de nuevo, de amenazas, secuestros, extorsiones, desaparecidos, ejecuciones.

Desde hace semanas he recibido llamadas y mensajes de pobladores y ex autodefensas de diferentes municipios de la Tierra Caliente de Michoacán, aquel infierno del año pasado y varios meses de este 2014. En cada texto leo lo mismo, en cada telefonema escucho algo idéntico: “Esto está igual o peor que antes. Esto va a estallar otra vez”.

Le gente que se comunica se queja, de nuevo, de amenazas, secuestros, extorsiones, desaparecidos, ejecuciones. Como a principios de 2013. La gente acusa a los llamados arrepentidos, a delincuentes confesos que formaban parte del cártel de Los caballeros templarios, del cártel Jalisco Nueva Generación, o de la banda de Los Viagras, y que fueron perdonados por grupos de pobladores de distintas localidades (con la oposición de otros lugareños) para que se sumaran a las autodefensas, o simplemente con el fin de que volvieran a las comunidades de donde habían sido expulsados.

La mayoría de estos criminales (para que los perdonaran confesaban públicamente sus fechorías en las plazas, como si no las conocieran los pobladores que las padecieron) se integraron a los diferentes cuerpos policiales creados a partir de las autodefensas. O bien, se volvieron colaboradores sin uniforme de esas nuevas policías. Que los perdonaran los calentanos podía deberse a un espíritu genuino de reconciliación (cuántas comunidades no quedaron divididas durante la guerra, con miembros de familias peleando en un bando y otro), o por miedo. Por resabios del terror: de pronto ahí estaban en las plazas públicas esos antiguos verdugos, esos mequetrefes, pidiendo perdón pero deslizando sutiles amenazas.

El caso es que ahora muchos portan armas y uniforme y, de acuerdo con lo que me denuncian, han vuelto a cobrar por la venta de productos (mango, aguacate, limón, cualquier cosa). De nuevo abusan de mujeres. De nuevo arremeten contra quienes protestan. De nuevo han impuesto su ley del miedo, su ley de plata o plomo.

El lunes pasado Hipólito Mora, fundador de las autodefensas, oriundo de La Ruana, en entrevista con mi colega Ciro Gómez Leyva durante su programa de Radio Fórmula, confirmó a su manera lo que me dice gente que quiere guardar el anonimato: “Michoacán es un desmadre en cuestión de seguridad”, declaró el ahora miembro de la Fuerza Rural Estatal. Y dio detalles coincidentes con lo que me han venido señalando otros calentanos: “Los sujetos transitan libremente ante la presencia de las fuerzas federales con lanzagranadas, calibre .50, cuernos de chivo, cualquier arma (...). Desgraciadamente no hay alguien que lo pueda parar. Estamos peor que el 24 de febrero (de 2013, cuando se levantaron las autodefensas en Tepalcatepec y La Ruana)”, aseguró.

“Que hagan algo (el Presidente, el secretario de Gobernación) antes de que pase una masacre como la de Guerrero. Aquí somos de campo. Aquí nos ponemos el zapato antes de la espinada. No tiene caso ponerse el zapato después de la espinada”, le dijo Mora a Ciro.

Un día después, Alfredo Castillo, el comisionado para Michoacán, lamentó las declaraciones de Hipólito y las descalificó.

Bueno, pues. Ahí queda la alerta. Aquí quedan las denuncias (que por supuesto no van a ir a poner ante el Ministerio Público, porque esa gente pide ayuda con la súplica de no dar sus nombres y ubicaciones). Ojalá que la imprudencia y temeridad de alguien (o de algunos), y que la omisión y negligencia de otro (u otros) no vaya a provocar una nueva desgracia en nuestro país. Y todo, por hacer de nuevo como que no pasa nada, en un estulto afán de ocultar la realidad. O por pretender acallar su narrativa.

Ojalá, ojalá que no tengamos más sangre, de nuevo en Michoacán…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

http://twitter.com/jpbecerraacosta