Doble Fondo

Ayotzinapa: 24 días sin móvil. Y lo peor, por venir…

¿Qué va a impedir que escale y explote este conflicto? Policías comunitarios están dispuestos a enfrentarse con "narcos". La guerrilla (ERPI) llama a lo mismo a través de un batallón de ajusticiamiento. Y mientras sigan pasando los días, peor…

El próximo domingo se cumplirá un mes de que 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa desaparecieron en Iguala. Han pasado ya 24 días y seguimos sin tener información contundente, irrefutable de lo que ocurrió antes, durante y después de la balacera contra esos jóvenes. No sabemos cuál fue el móvil. Y sin móvil, no hay caso. Hasta ahora hemos tenido, con despistes y contradicciones, la siguiente versión:

En mayo de 2013 el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, habría asesinado a Arturo Hernández Carmona, líder del Frente Unidad Popular, a quien él y su esposa, María de los Ángeles Pineda, habrían amenazado públicamente debido a disputas que tenían de tiempo atrás, las cuales se agudizaron por el homicidio de un síndico, Justino Carvajal Salgado, ocurrido en marzo de ese año. Hernández insinuaba que Abarca había mandado ejecutar a Carvajal. En distintas movilizaciones contra Abarca participaron normalista de Ayotzinapa, quienes arremetieron contra el ayuntamiento. Ahí habría surgido el encono de Abarca contra los jóvenes. El 26 de septiembre pasado la señora Pineda, cuyos hermanos han sido señalados como miembros de un cártel, daba su segundo informe de labores al frente del organismo DIF. Los estudiantes de Ayotzinapa se dirigían a Iguala, supuestamente para sabotear el acto. Abarca y su esposa habrían dado la orden de “escarmentar” a los jóvenes. El jefe de la policía de Iguala, Felipe Flores Velázquez, ayudado por elementos a su mando y sicarios del cártel local Guerreros Unidos, habría cumplido la instrucción.

Pudo haber ocurrido así. Sin embargo, luego de que fueron encontradas las primeras fosas clandestinas en Iguala se informó que ese hallazgo se debió a que uno de los presuntos asesinos de los jóvenes confesó el homicidio y el lugar donde yacían los cuerpos. Falso: una vez que se realizaron los estudios pertinentes, se comprobó que no, que los restos sepultados ahí no corresponden a los de los jóvenes. Por tanto, el supuesto agresor mintió. ¿O mintieron las autoridades? Luego se dijo que otro presunto homicida ubicó el sitio de otras fosas pero, hasta donde sabemos, tampoco ahí están los restos de los jóvenes. Poco después se indicó que policías de Cocula, municipio colindante con el de Iguala, eran también (¿o nada más ellos?) autores del crimen: que habían levantado a los estudiantes y los habían entregado a criminales. ¿Por qué razón, si no obedecían a Abarca, a su esposa y a su jefe policial de Iguala? No hay móvil.

Hay indicios por aquí, indicios por allá, pero no hay evidencias concluyentes, rotundas, de nada. Y eso, el tiempo transcurrido, ya ocasionó un daño irreversible, termine donde termine la versión de las autoridades. “¿Por qué el narco iba a matar a estudiantes que no se meten con ellos?”, escuché plantear en los pasillos de Ayotzinapa. No pocos entre quienes oscilan ahí, miembros de organizaciones que tienen ganas de incendiar todo a partir de sus doctrinas antisistémicas, ya no van a creer nada que provenga del gobierno de Guerrero o del gobierno federal. Nada. Para ellos esto es un crimen de policías contra estudiantes, lo cual, desde su lectura ideologizada, se lee como un crimen de Estado. Del Estado mexicano represor y asesino de jóvenes pertenecientes a movimientos sociales.

Por eso, lo peor está por venir. ¿Qué va a impedir que escale y explote este conflicto? Grupos de policías comunitarios están dispuestos ya a enfrentarse con narcos. La guerrilla (ERPI) llama a lo mismo a través de un batallón de ajusticiamiento. Y mientras sigan pasando los días y no sepamos el móvil, peor…

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