Doble Fondo

“Aburto no fue el único; acción concertada…”, supimos en 1994

Las evidencias de Montes (y nuestras) fueron un peritaje foniátrico, análisis de dos videos, fotografías y testimonios. Eso lo publicamos cuando tuvimos acceso a algunas de esas pruebas,  pero… se retractó.

Los periodistas que trabajaban conmigo y yo, nos convencimos en abril de 1994, y más en julio de ese año, con base en el expediente, de eso: de que Mario Aburto no habría sido el único participante en el homicidio de Luis Donaldo Colosio. Que habría habido, en Lomas Taurinas, una acción concertada para asesinar al entonces candidato presidencial del PRI…

Ese miércoles 23 de marzo yo era director general de un semanario que se llamaba Macrópolis y que se publicaba los lunes. En la edición del 11 de abril de 1994, 19 días después del homicidio, esta fue la cabeza de nuestra portada: “El asesinato de Colosio, conspiración política”. Me equivoqué. La cabeza debió decir: “El asesinato de Colosio, acción concertada”.

A esa conclusión, con esas palabras, acababa de llegar el fiscal del caso, Miguel Montes García. El 18 de julio de ese año (a menos de un mes de los comicios presidenciales, que fueron el 21 de agosto), insistimos en portada: “Caso Colosio. Aburto no fue el único. Documentos de la investigación”. ¿En qué sustentábamos tal afirmación? En nuestra labor reporteril que tenía respaldo en… el expediente del caso. Redactamos:

“El ejecutor material del magnicidio fue Mario Aburto (realizó los dos disparos), pero fue auxiliado por otros sujetos, entre los que se ha identificado a Tranquilino Sánchez Venegas, Vicente Mayoral Valenzuela, Rodolfo Mayoral Esquer, y Rodolfo Rivapalacio.

“Tranquilino Sánchez estorbó el desempeño del general Domiro García Reyes, encargado, en la retaguardia (en la espalda de Colosio), de la seguridad, facilitando el acceso de Aburto a un punto cercano e inmediato a Colosio.

“Vicente Mayoral se encargó de abrir paso hacia la víctima a un sujeto, quien llegó ante Colosio y se tiró al suelo antes del balazo, con la evidente intención de detener su trayecto, contribuyendo a que Aburto quedase en posición de disparar a la víctima.

“Rodolfo Mayoral, hijo de Vicente, empujó y estorbó las acciones del coronel Federico Antonio Reynaldos del Pozo, encargado, a la vanguardia, de la seguridad del candidato, logrando distraerlo y disminuyendo con ello las medidas de seguridad.

“Rodolfo Rivapalacio, colaborador del PRI en Tijuana, y encargado de organizar un grupo local de seguridad, contrató los servicios de Tranquilino, Vicente y Rodolfo.

“Se comprobó que durante el mitin en Lomas Taurinas, antes de que se consumara el homicidio, que Aburto, Tranquilino Sánchez y Rodolfo Mayoral, estuvieron dialogando un tiempo, en clara actitud de conocimiento mutuo por la comunicación verbal y mímica”.

Una persona más, Othón Cortez, documentamos después, no percutió el segundo balazo, de lo que se le acusó injustamente, pero sí distrajo al general Domiro por su lado izquierdo, momentos antes del disparo, al ponerle la mano en el hombro y hacer que éste volteara hacia el lado opuesto de Aburto cuando éste disparó. Luego Othón se marchó rápidamente.

Las evidencias de Montes (y nuestras) fueron un peritaje foniátrico (lenguaje de mudos), análisis de dos videos, fotografías y testimonios. Eso lo publicamos, parte en abril, y parte en julio, cuando tuvimos acceso a algunas de esas pruebas, y a otras más, pero… Montes se retractó.

Eso fue lo que supimos en Macrópolis aquel año. Pero bueno, como el propio Montes y sus sucesores dijeron, todo eso “se desvaneció” en posteriores indagatorias. Dijeron. Dicen…

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