¿Lo permitirá el ejecutivo?

Peor inicio no pudo tener la 60 legislatura de Coahuila. La presencia del gobernador Rubén Moreira fue poco afortunada al grado de que, según información periodística, tuvo que salir por la puerta de atrás.Afuera, un centenar de manifestantes se pronunciaron porque el congreso local por fin haga la tarea que le compete, que ahora sí, diputadas y diputados coahuiltecas no sólo hagan como que revisan, aprueban y desaprueban iniciativas del Ejecutivo que con su voto inercial acostumbran mayoritear. Los inconformes, que los hay en los 38 municipios del estado, alzaron la voz sobre tres temas que de verdad tienen molesta a la población: los desaparecidos, la pesada carga fiscal que representa la deuda pública que se arrastra y crece mes tras mes, y que la idea del mandatario de despenalizar el aborto sea estudiada a fondo para, al final, no sea aprobada.Tres puntos álgidos en la agenda política de este nuevo año que, otra vez en Coahuila, agenda ir a las urnas para elegir diputados federales (¿qué no ya los partidos los eligen?) De entrada, el escenario es interesante al ser la entidad donde por vez primera en el país hay un congreso en el que las mujeres son mayoría: 13, por 12 diputados varones. ¿Cambiará esto la esencia e historia legislativa de la entidad? ¿Las diputadas cumplirán desde su investidura de pertenecer a equis o ye partidos políticos o podrán despojarse –como no lo han hecho los hombres- de esas desprestigiadas etiquetas y ser en realidad representantes populares? Mientras tanto, lo ocurrido en el primer día de trabajo en el Palacio Legislativo de Saltillo debiera ser un llamado a la sensibilidad, a la prudencia, a la construcción de un nuevo diálogo que sea capaz de ser incluyente, de escuchar al otro, al de enfrente, al de arriba y más al de abajo. El discurso político actual está en declive, no se renueva, no presenta ideas renovadoras, está agotado, discurre en su propia circunferencia, no rompe las fronteras de la frustración y la molestia, del desencanto y la desesperanza de la gente; la palabra de los políticos –que los medios se encargan repetir y repetir sin piedad- suena hueca, vacía, falsa. Pero se impone por la fuerza de su necedad y obsesión. Aunque a nadie convenza.Las diputadas y los diputados de la 60 legislatura, si quieren, si son políticos de altura y ciudadanos decentes, podrían ser artífices del restablecimiento de la confianza ciudadana. ¿Se atreverán? ¿Lo permitirá el Ejecutivo? 


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