“Nada para nadie”

La fuerza de la gravedad no respeta a nadie, tampoco a los políticos. De ahí que los aspirantes a gobernar Coahuila desde Saltillo, y por lo visto en sus campañas proselitistas, difícilmente se levantarán con la mayoría de votos del electorado. Quiero decir, en sentido lógico, que ninguno de los siete conseguirá la mitad más uno de los sufragios efectivos que se emitan el domingo 4 de junio. La participación no será democrática, más bien es minicrática.


De los tres debates realizados, uno en Saltillo y dos en Torreón –considerando por supuesto el de la Universidad Ibero Americana-, no queda claro quién haya ganado y sí, quiénes han perdido. El de anoche en el Teatro Nazas (previo sainete por la cerrazón del Instituto Estatal Electoral), un evento duro, rígido, excluyente, dejó un amargo sabor de boca, una sensación de fastidio, de “nada para nadie”, de “la moneda está en el aire”; con un muy bajo nivel de ideas y una exacerbada muestra de ruindad. Se generaliza porque prácticamente nadie se salva de la quema. Un lenguaje amenazante, represivo, falto de claridad, espejeante, belicoso, esquizofrénico, especulativo, demagogo, simplón, sumamente empobrecido entre quienes anhelan convertirse en el próximo gobernador(a) de nuestro estado. Nada que ver con los altos fines de la política.


El debate lo ganaron, sin estar presentes, Humberto y Rubén Moreira. Fueron los más mentados, más citados, más señalados, más criticados y enjuiciados. Estuvieron en el banquillo de los acusados sin estar. Son la realidad política, los malditos de esta historia reciente, según seis de los siete contendientes. ¿Y? Hubo, sí, verdades, medias verdades; y mentiras, micromentiras y macromentiras. Lo que es un hecho es que la vida en Coahuila, pese a todo,  tendrá que sufrir un cambio liberalizador, un cambio en la correlación de fuerzas que derive, también, en un cambio estructural en su forma de gobernar. Lo dice la gente –que no es escuchada- en el verdadero debate: en la calle.


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