Si la montaña no viene…

Casi nunca, el tema cultural en los procesos electorales ocupa un lugar importante en la agenda de partidos políticos y candidatos. El interés en el trabajo cultural no acaba de tomarse con la seriedad, convicción y ganas suficientes para que trascienda y vaya de la mano con la vastísima riqueza, historia, talento, diversidad, pluralidad y vocaciones que existen en nuestro municipio, estado y país. Ni los partidos ni sus candidatos creen en la inmensidad e impacto que nuestra cultura tiene. ¿Será por incultos e impreparados?

Lo cierto es que, porque no les queda de otra, cumplen con el requisito de nombrar a equis o ye persona en el cargo para que rescate, detecte, planifique, promueva y difunda y lleve la cultura a donde pueda.

Obvio es que en este recorrido, hay quienes han cumplido mejor la encomienda. Sin embargo, la variable del nombramiento es compleja. Hay asedio, presiones. Y la cultura no es, no debiera ser algo para que un alcalde, un gobernador o un presidente de la república crea que es relleno, maquillaje, relumbrón, socialitos, pasatiempo, entretenimiento o la “cara bonita” de su administración. No. Hoy, esa consideración ya no puede ser aceptada. Es más, es un acto de corrupción y atenta contra los derechos culturales de la población. ¿Qué municipio en la Laguna de Coahuila y Durango se salva de esta situación? 

La improvisación, pero también el cuatachismo y hasta el importapoquismo en las políticas culturales públicas son lo común.

En esto pensé esta nublada mañana de viernes 1 de septiembre al escuchar, para fortuna mía y de al menos 600 jóvenes estudiantes en la Gran Sala de Ciudad Universitaria de la UAdeC, a la Camerata de Coahuila (CdeC) con la batuta del joven y talentosísimo director invitado Ethan Eager.

Éste, sabia y tranquilamente recordó a Mahoma: “… si la montaña no viene a ti, ve tú a la montaña”. Es decir, el arte no debe estar encerrado en castillos de aire. Ni en discursos políticos. 



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