En 46 minutos

En política, la forma es fondo. El discurso tiene amplias connotaciones, hasta lo preestablecido. Es un juego de ajedrez. La cita al primer informe del alcalde Miguel Ángel Riquelme Solís (MARS) era a las 12:00 horas del pasado 10 de diciembre. Al arribar MARS con el gobernador Rubén Moreira Valdez a las 12:21 al Teatro Nazas, hubo una primera tanda de aplausos.


A las 12:24 los invitados seguían acomodándose en sus asientos. A las 12:26 el himno nacional, a cuyo término se dejaron escuchar otras palmas. En total sumaron 31 las veces que los asistentes aplaudieron en el recinto. MARS pronunció sus primeras palabras a las 12:29: “Gobernador del estado, Rubén Moreira…”.


Y este inicio dibujó una intención y una dirección de quién manda. No sorprende. Es la regla (¿será ley?) no escrita. Miguel, tuvo cuidado de no mencionar el nombre de uno de los competidores por la nominación del PRI a la gubernatura. Y lo tuvo ahí, de frente. Son “compañeros de partido” pero rivales políticos. Tampoco el ejecutivo, cuando subió a la tribuna, nombró a ese personaje que de vez en cuando la cámara captaba con su eterno gesto seco e inexpresivo. Moreira insistió en reiterar su apoyo al alcalde y en felicitar a los torreonenses por tener en MARS a “un alcalde comprometido”. La última frase de Riquelme fue a las 13:15: “… ciudad que vence. ¡Muchas gracias!”.


El tiempo que le llevó leer su reporte requirió 46 minutos. Un documento bien presentado y redactado –así se escuchó al ser leído- y sin excesos, sobrio. Pero, ¿qué informó el presidente municipal de Torreón? Lo que informan todos los alcaldes: lo hecho, según su interés; lo que creen que debe remarcarse, según su intención. Miguel supo preparar un acto que cumplió con el protocolo, con los asistentes.


Un informe que transcurrió ágil, sin sobresaltos, incluso sin el vetusto oropel que todavía algunos gobernantes se aferran a mantener. Por ese lado, se reconoce. Pero, el pero que nunca falta, MARS tendría que haberse atrevido a más.


A tocar puntos álgidos, más reales, a explicar a la comunidad en detalle lo que campea en el ánimo de ésta: deuda pública, concesiones a particulares, inseguridad citadina, desempleo, la fuga de cerebros y talento joven, los cinturones de miseria, la discriminación, lo caro que es vivir en Torreón, los pendientes en cultura, deportes y, ante todo, en educación. Una educación social. Falta esta política pública para que Riquelme relance su figura.


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