Los jóvenes, sí

Diversos columnistas de prensa escrita creen que el gobierno federal de Enrique Peña Nieto ha terminado y que el país, hoy más que nunca en los últimos 30 años, ha quedado rebasado por las circunstancias y los problemas sociales que nos envuelven. Era esperarse. Si cuando fue gobernador no fue capaz de resolver ni las inundaciones de Chalco y Neza -municipios castigados históricamente por la pobreza y la marginación-, ni vio los feminicidios en su entorno, ni cómo poblaron  los grupos criminales su entidad conurbada a la zona metropolitana del DF, y ese mandatario estatal llega a Los Pinos, lo único previsible, socialmente, era esto que hoy nos sacude a todos: el caos.Peña Nieto ya mostró lo que tenía que mostrar. La avalancha de reformas constituciones las sacó a costa de lo que fuera necesario y gracias al apoyo de quienes se verían favorecidos con ellas y ese espíritu aldeano de la conveniencia. El precio lo paga la población. Queda claro que ninguna reforma ha sido útil para  acotar el inmenso poder presidencial, ni de los diputados, senadores, gobernadores y alcaldes. La clase política gobernante está blindada a actos de justicia social, sigue siendo corrupta, rapaz, partidista, impune, excluyente. Por eso, cuando son los jóvenes quienes sí mueven al país, la esperanza renace. No sé cómo ellos, los jóvenes, todos, no acaban de darse cuenta que su realidad prácticamente depende de ellos mismos, de su capacidad de movilización, de su compromiso personal, íntimo y con la nación, que es su talento el que está en juego junto con su futuro, que tendrían que exigirse a sí mismos para poder exigir lo que jóvenes de otros países como Chile, Francia, Alemania o Bélgica, exigen en materia de educación y de cultura. Hay mucho por avanzar y más por aprender. Pero estos pasos dados en las calles de la capital, y de numerosas ciudades de la provincia como Torreón y Gómez Palacio, a propósito de la crisis humanitaria de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero, permiten ver que México está cambiando, que México se mueve y es por su gente, por las nuevas generaciones y no por un régimen, un sexenio o por un Estado cuya obesidad y costo obstruye la verdadera democracia y la justicia social. Ojalá de entre los muchachos surgiera un estadista y una nueva generación de ciudadanos y políticos responsables y nacionalistas, dignos de haber nacido en este país. 


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