La industria que falta

Soriana, la cadena de tiendas de origen lagunero, está a unos pasos de sumar 160 establecimientos más que la situarían en la punta de los supermercados en nuestro país. Está a unos trámites de adquirir ese número de sucursales de su competidora Comercial Mexicana. De concretar la operación, la exitosa empresa, iniciada en Torreón en 1905 por don Pascual Borque, a 110 años de haber aparecido con el conocido nombre de La Soriana, rondaría las 830, sin contar a los “Super City”, que forman parte de su grupo. El tema no es gratuito. En pocas palabras, el motivo de hacer esta referencia no es sino para destacar que si algo caracteriza a la gente –nacida o no en la región- es el emprendimiento, la aventura de creer en ideas propias y materializarlas poco a poco, paso a paso, año tras año. Hay muchos y variados ejemplos de esto, dignos de ser imitados y superados. Bien, como quiera verse, ese espíritu es lo que hace falta que contagie al ámbito cultural.


¿Cómo comparar los afanes comerciales con los afanes en el arte y la cultura? ¿Por qué? ¿Se vale?


El tema no escapa al hablar de la región. Mientras la mayoría de los creadores e intelectuales, y por supuesto instituciones y dependencias del medio artístico y cultural -privadas o públicas-, mantengan la costumbre de pedir, esperar y quejarse de no tener recursos o no recibirlos en tiempo y forma, y con ello evadir compromisos o responsabilidades, las personas proactivas avanzan, suman y logran sus objetivos, sus sueños. Y sin embargo, pese al entorno e inercias, se aplaude que la iniciativa de Moreleando haya sido capaz de surgir casi de entre el polvo y el olvido de la avenida Morelos y hoy sea una noble y aceptada propuesta emancipadora; o de que la Escuela Municipal de Danza emergiera por la obsesión y testarudez de Jaime Hinojosa, y por cuyos pasos hay frutos de las semillas que sembró; o que El Chanate superara con creces los egos y hasta se convirtiera en plataforma para otros proyectos que ahí vienen; o saber de la fuerza y humanismo social de Gerardo Moscoso y su indudable calidad y herencia. La creatividad artística regional adquiere cada vez más y mejores perspectivas. El futuro es esperanzador si, como parte de un necesario replanteamiento, hay humildad entre intelectuales, creadores, promotores, y el suficiente compromiso de instituciones públicas y privadas, de verse y reconocerse, alentarse y apoyarse. Entonces, se echaría andar una verdadera industria: la cultural.


ferandra5@yahoo.com.mx