El eslabón perdido

Mañana se cumple ya una semana que culminó el segundo Festival Cultural Universitario Cieslag 2015.

Y culminó bien, a secas, en medio de una expectativa inmensa de hasta dónde -y en qué tiempo- puede llegar dicha fiesta del arte y la cultura que produce la juventud lagunera que hoy está en las aulas universitarias.

Es costumbre hacer cuentas alegres de supuestos resultados en este tipo de eventos, casi todos, en la Laguna, con un sello oficial. No es el caso en el que cobijó desde 2014 -a propuesta de la Coordinación Unidad Torreón de la Universidad Autónoma de Coahuila-, la Comunidad de Instituciones de Educación Superior que aún preside el rector de La Salle, Luis Arturo Dávila de León (el próximo 9 de diciembre lo releva el titular del Tecnológico de Lerdo, Gerardo Landeros Araujo).

Y tampoco es el caso porque lo que se pudo palpar en las múltiples presentaciones protagonizados por las y los jóvenes universitarios, sobrepasa cualquier numeralia.

No echo campanas al vuelo, no hay campanas. Lo que hubo durante los diez días del festival fue una clara muestra del entusiasmo, talento, ganas, virtudes, creatividad, propuestas, ideas, vocación, alegría y fraternidad de la juventud universitaria en estas lides.

Teatro, -incluyendo un monólogo de Marco Ruelas, estudiante de Mercadotecnia, quien hizo varias representaciones extras por su contenido y fuerza-, pantomima-; danzas folclórica, moderna, tango, polinesia; canto pop, reguetón, bel canto; música en sus más diversos géneros, sin olvidar la folclórica latinoamericana; oratoria, poesía, cuento, artes visuales con obras ya logradas.

Mucho del material expuesto totalmente original, como la canción y música del festival de la autoría de Emanuel Castillo y Freddy Miranda, de una calidad que sólo estas plataformas permiten conocer, así, y rescatarlos del anonimato para entusiasmarlos y, porqué no, se atrevan a más con todo el arsenal creativo que cargan.

Este trabajo tuvo algo previo: los encargados de cultura al interior de cada institución, desde San Pedro hasta Cuencamé, supieron armonizar la orquesta. Estoy seguro que es desde el campus universitario –en su más amplia acepción- donde la región puede encontrar el eslabón perdido.

Confiemos. 


ferandra5@yahoo.com.mx