¿Y entonces? II

Conocedoras, con importantes relaciones y contactos, algunas de ellas expertas en determinadas áreas, con un trabajo conocido y amplia trayectoria, lo deseable sería que quienes dirigen las entidades públicas y privadas culturales en Torreón, fuesen capaces de lograr hacer un verdadero eje del crecimiento humano de la población y su, porqué no, real transformación.Ni son pocos ni son muchos los administradores de la agenda cultural. Suman años de experiencia. Si observamos con seriedad el asunto, más allá de si gusta o no su trabajo, hay una evidente riqueza personal; pero si se revisa lo hecho, la reflexión debe ser aguda, sin complacencias. Es cierto que Torreón, en la Laguna, marca diferencia en la agenda temática. Dispone de una infraestructura aceptable aunque mediana, la cartelera de eventos está llena. Hay un eventismo. Pero… ¿de qué? De eso, de eventos, de decisiones producto de la eventualidad, coyunturales, de intereses de grupo. Se privilegian estrategias y no una política cultural capaz de socializar, incluyente. No habrá mejores dividendos si el trabajo cultural se sostiene sin bases ideológicas y se ocupa de lo intrascendente, de lo fútil, del divertimento fácil. Los múltiples esfuerzos tendrán que abandonar el sectarismo, uno de los peores vicios de la intelectualidad. Hay, quiérase o no, un imperialismo cultural que alinea y aliena, que obliga y somete, que orienta qué y hacia dónde se encamina la cultura, el talento, la vocación, el deseo; pero también la molestia, el enojo, la impotencia, el desempleo, la frustración de la gente, de los niños, de los jóvenes. Las opciones son escasas y acentúan las diferencias. ¿Por qué no hay más niños y jóvenes pianistas? ¿Por qué no más bailarines profesionales de alto nivel? ¿Por qué se pospone y se pospone la creación de una escuela universitaria de artes? ¿Por qué no hay becas y un trabajo serio, eficaz, para niños y jóvenes ¿Habrá una razón maldita y perversa en esto?Ángel Carrillo, el conocido comunicador televisivo de Multimedios, retomó mi columna y tema y, en su estilo, atribuye a la soberbia el que los promotores culturales y otros personajes del medio no vean más allá de su nariz. Algo habrá que hacer, sea una política cultural horizontal, transversal, global; sean otros pensamientos menos proclives al ornato y a presumir que hubo decenas de miles de personas en sus eventos. ¿Y…? Venzamos resistencias, egos. Debatamos los qué, los cómo, los cuándo y los dónde. Dialoguemos. Optimicemos esa riqueza que tenemos. 


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