Las armas y Renata

O fue por un cumpleaños o porque era un domingo. Tendría yo cinco años de edad y mi “abue” Justina (en realidad mi bisabuela), me regaló una pistolita (por diminuta y simple) de chinampines. El artefacto “tronaba” pequeñas bolitas de pólvora que venían en una tira de papel. Era un juguete. Bueno, más tardé en descubrir cómo funcionaba la famosa pistola de chinampines que en verla desecha por decisión de mi señor padre. Don Hiram (mi papá) le pidió, molesto, a mi “abue”, que jamás volviera a darnos, a mí o a mis hermanos, algo relacionado con las armas. Siendo él un amante de la lectura, había advertido a mi mamá y todos que en la casa nada que tuviera que ver con violencia, fuesen juguetes, televisión, literatura, secciones periodísticas de notas policíacas o revistas (y citó a Alarma! como ejemplo) se podrían tener, ver y leer.

Su palabra se respetó, claro, en lo posible. Sin embargo, la vida afuera de la casa, del hogar, decidiría otras circunstancias. Pero la palabra paterna se anidó en mí profundamente. Por lo que haya sido, así fue. Sé de armas porque el trabajo como periodista me llevó, por ejemplo, a una guerra; lo sé también por la historia, porque la humanidad no vive sin violencia ni sin armas; lo sé por el deporte; y obvio, por las noticias. Todo está tocado, de una u otra forma, por la violencia, por equis o ye armas. Este espacio no alcanza para hablar de innumerables cosas y hechos relacionados al tema. En materia de cultura, de exposiciones, las salas de arte han dado paso a muestras de armas, de increíbles aparatos que el hombre ha inventado para torturar y matar. Sirva lo hasta aquí escrito como razón para decir, pues, que yo no seré parte de los cientos de miles, o quizá del millón y pico de laguneros que acudirán a conocer el arsenal de las fuerzas armadas mexicanas en las instalaciones de la feria de Torreón. No hay trauma, no hay tabú, no hay nada de eso. Sencillamente soy pacifista y este sábado concluyo mi diplomado en Ciudadanía, Democracia y Construcción de Paz…/.


Cuando algo le chisté a Renata Chapa, zarina de la cultura en Torreón, sobre su vestido rojo en el festejo del Museo del Ferrocarril el pasado jueves, con su muy particular sonrisa me dijo: “lo utilizo por aquello de las embestidas”. 


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